Ello impide el ingreso de azúcar en las células y dificulta la producción energética, que todos los seres humanos necesitan a diario para sostener sus actividades cotidianas.
Ante el problema, Colmegna sostuvo que "las tecnologías tratan de suplir este aspecto". En este caso, se usan tres elementos. "Es un celular que posee un algoritmo de control que decide la cantidad de insulina. Ello va conectado, por bluetooth, a un sensor que el paciente tiene en el cuerpo que mide la glucosa y, por último, la bomba de insulina, que se ocupa de inyectar las unidades solicitadas. En ello se basa el circuito que mide, decide la cantidad y luego suministra la insulina".
Trabajo en etapas
El trabajo que describió Colmegna consta de dos etapas y en la actualidad ya se realizó es la primera. Ésta constó de "pruebas clínicas en el Hospital Italiano, pero con un algoritmo diseñado por científicos de la Universidad de Virginia. Nuestro equipo estuvo presente, y todos pudimos observar en un monitor cómo se comportaba la concentración de glucosa en cinco pacientes de modo simultáneo".
La restante, durante marzo y abril del 2017, responde a las primeras pruebas piloto con pacientes. "Son instancias que duran unas 36 horas y son muy costosas porque demandan infraestructura y personal", añadió.
Finalmente, se refirió al posible costo del páncreas artificial en el mercado: "Todavía no existe nada en el mercado con estas cualidades. La empresa estadounidense Medtronic posee un equipo similar, pero no tan complejo. El costo, en la actualidad, es incierto, dependerá como siempre de la voluntad de las prestadoras de servicio".
Las instituciones que componen este equipo de trabajo son las universidades de Quilmes, La Plata, Virginia, Harvard, el Instituto Tecnológico de Buenos Aires y el Hospital Italiano de Capital Federal.