Los participantes fueron distribuidos en tres grupos en función de la alimentación: dieta mediterránea con aceite de oliva virgen, dieta mediterránea con frutos secos (30 gramos al día) y dieta baja en todo tipo de grasas, a los que se les daban listas de la compra por estación y menús y recetas.
El estudio logró cambiar los hábitos alimenticios de las personas colaboradoras, aseguró su coordinador, el doctor Ramón Estruch, quien precisó que a los cinco años ya se observó una reducción del 30 % en el riesgo de sufrir fallos cardiovasculares, "lo que muchos fármacos no consiguen".
Además, se comprobó que los participantes perdían peso y reducían el perímetro de su cintura a pesar de la incorporación de aceite de oliva virgen y frutos secos a su dieta.
Las primeras investigaciones sobre la dieta mediterránea, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad, se iniciaron en la década de loa años sesenta, al analizar la prevalencia de la enfermedad cardiovascular en distintos países. Mientras que en Estados Unidos era del 4,6 %, en la isla griega de Creta apenas llegaba al 0,5 %.