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26 de abril 2011 - 00:00
Abuela de 95 años toca en hogar de Lanús
La abuela María Propato de Caruso con sus 95 años ejecuta el piano como en sus años más jóvenes, para deleite de sus compañeras del hogar de abuelos ubicado en Chubut al 2200 en Villa de los Industriales, donde se encuentra alojada desde hace un tiempo. Sus manos todavía se mueven con agilidad envidiable sobre las teclas del piano que trajo en la mudanza desde su departamento de capital a Lanús Oeste. “Maruja”, como la llaman sus nuevas amigas, comenzó a tocar ese instrumento a los cinco años aunque después también sumó el violín. Sin embargo a diferencia de su piano, el violín se inutilizó por el paso del tiempo y debió dejarlo de lado. De muy joven se recibió de profesora en ambos instrumentos, al tiempo que aprendió canto. De quienes fueron sus maestros recuerda que “eran unos divinos porque me enseñaron música desde muy chica” La abuela “Maruja” a los 18 años ejecutaba ambos instrumentos y cantaba tangos en la desaparecida radio Callao. Si bien la música fue su pasión, su vida laboral se completó como empleada de una tienda, cuyos propietarios eran franceses y ella se desempeño como jefa de perfumería hasta jubilarse.
Sólo un sobrino
La vecina asegura que tuvo una vida normal, sin excesos y eso le ayudó a llegar a tan avanzada edad. Se casó aunque no tuvo hijos, por lo que hoy su único familiar es un sobrino, el qué se encargó a de su cuidado luego de enviudar. Por eso lo califica como muy afectuoso y se alegra cuando viene a visitarla. Sobre su piano se amontonan las letras de varias de las canciones que solía entonar en otros tiempos, y, aunque su voz todavía suena muy armoniosa, no quiere volver a cantarlas porque “tengo 95 años”, advirtió. Si bien para movilizarse utiliza un bastón y solamente toma unas pastillas para los dolores de su cuerpo, el paso de los años no afectó su memoria musical. Prueba de ello, es que es que ejecuta las distintas piezas sin tener las partituras a la vista, como el caso del vals Desde el Alma, con el que alegró a sus compañeras algunas de las cuales se animaron a tararear la letra cuando contó sus vivencias.