ver más
15 de marzo 2011 - 00:00
Desalojo genera la reacción de vecinos
Un hombre está en un hotel merced a la solidaridad, sólo pide un trabajo y espacio para sus mascotas. Funcionarios están al tanto de la situación y el tema llegó al propio intendente
El desalojo de un hombre de 48 años que vivía en las márgenes del Riachuelo desde hace 18 años, pegado al viejo Puente Pueyrredón, es otra de las historias tristes que ocurren en Avellaneda más allá de la legalidad de la remoción de su humilde vivienda. Omar, todavía permanece en un hotel de avenida Mitre al 100 -no se sabe por cuánto tiempo- esperando alguna respuesta municipal porque funcionarios del área social están al tanto de la cuestión -fue el día del desalojo una asistente social-, mientras vecinos los ayudan en con lo que pueden y han enviado mails al intendente. Por estas horas, las respuestas brillan por su ausencia. Omar, que debió dejar la precaria construcción donde vivía con sus mascotas -que fueron llevadas a un hogar de El Pato, partido de Berazategui-, sufre un momento de depresión. Los que lo conocen dicen que “no quiere comer pese a que le llevamos alimentos”, y sólo pide un espacio para él y sus perros, no quiere limosnas. “Este hombre no es un borracho ni un delincuente. Es educado y caritativo, merece una oportunidad”, señalaron sus amigos. El hombre no tuvo previo aviso de la medida judicial, pidió en ese momento ayuda a la comuna, pero hasta ahora no le acercaron ayuda, ni siquiera un lugar donde estar mejor, pese a que en el hotel la voluntad está para que se quede, no se sabe hasta cuándo. Es la contracara de lo que ocurre a otras márgenes del Riachuelo.
En retirada
Cabe recordar, que el primer viernes de este mes, mediante un gran despliegue de Gendarmería y policías -seis patrulleros-, la casilla de Omar con cuatro chapas y varias mascotas castradas y en buen estado, fue erradicada. Las promesas estuvieron a la orden del día: “Quedate tranquilo que te vamos a conseguir un lugar para estar, no te preocupes por los bichos que los lleva Gendarmería a su cuartel de veterinaria”. La topadora hizo el resto. La imagen era increíblemente triste, y más de un vecino que pasó por el lugar no pudo evitar que le corriera una lágrima.
Ayuda y espera
Los que conocen a Omar, apelaron a la intendencia y a la prensa y el caso corrió de boca en boca de inmediato. “Es por eso que me permito solicitar ayuda para ese buen hombre que pude quedar en la calle definitivamente”, dijo una vecina que lo contiene anímicamente. Mientras un grupo de gente trata de ayudar, y que otros puedan acercarle alimentos, ropa y calzado -Omar quedó con lo puesto-, el área Social de Avellaneda está al tanto pero no respondieron a los llamados. También Omar busca una solución por vía directa, “sólo pido trabajo y un lugar para los perros”, acertó decir sin muchas palabras más. Cabe recordar que en Avellaneda se han suscitado muchos casos de indigentes en paradas de colectivos -como en la entrada del puente Vélez Sársfield-, de un matrimonio que pernoctaba debajo del viaducto de Sarandí, y de algunas familias de la zona de Villa Tranquila que no fueron asistidas ante serios problemas, más allá de los proyectos de erradicación de barrios precarios a nuevas unidades habitacionales. Hay casos que no pueden esperar, y en Lanús, ante un desalojo similar en el camino de la ribera, al menos, se ubicó a familiares de la persona que la habitaba.