La ludopatía puede arrastrar a las personas hasta al delito y también pone en riesgo sus vidas La hermandad “Jugadores Anónimos” ubicada en Colón 2533 de Escalada Oeste, desde hace un cuarto de siglo brinda contención a quienes son atrapados por el juego. A esa entidad, única en su genero en Lanús, que funciona los martes y los jueves de 17 a 19 y los sábados de de 18 a 20, llegan hombres y mujeres cuando la adicción los hace tocar fondo poniendo en riesgo sus familias y, en muchos casos, su propia vida. Los que conocen a jugadores compulsivos, afirman que “en cercanías de las estaciones hay una sala de juegos que lo único que logra es la ruina de esos pueblos”, porque “en esos lugares la morosidad en el pago de impuestos es muy alta, el dinero lo utilizan para apostar”. Según Sandra “en la casa de un jugador compulsivo todo el dinero que ingresa se destina al juego y por esa razón luego de recurre a préstamos familiares o deudas financieras, llegando hasta el delito para poder seguir apostando”. Resumió que “el juego es una adicción, una enfermedad, por lo que nuestro aporte para superarla es tener las puertas abiertas para quienes quieran recuperarse”.
Testimonios
Mónica R. llegó al grupo en septiembre de 2009 cuando ya había tocado fondo. Comenzó a jugar socialmente pero luego de modo compulsivo durante 15 años, hasta se jugó el dinero para refaccionar una vivienda familiar. Ahora hace 10 meses que no juega y dijo: “recuperé un montón de cosas y, sobre todo, me recuperé yo”. La historia de Ylda no es diferente. Comenzó a jugar para combatir la soledad pero luego no podía salir. Cierta vez tras apostar hasta el último centavo le pidió monedas para viajar al jefe de una de las salas que frecuentaba. Eso la llenó de vergüenza y se sumó a Jugadores Anónimos hace 15 años. Admitió que “salir de ese círculo es difícil”, aunque “si con humildad se acepta que se está enfermo, se puede”. Por su parte Jorge C. -casado- hace tres años que se encuentra en recuperación de su ludopatía. Asegura que su llegada al grupo le salvó la vida y hoy tiene tiempo para su familia y el trabajo. En las carreras de caballos pensó que podía encontrar la solución, sin embargo su vida se destruía cada vez más. Una vez ganó, pero se había convertido en esclavo del juego.