Vecinos que desde hace varios años reclaman la erradicación de un taller en Concejal Noya al 2600 de Lanús Oeste, denunciaron que “a pesar de las intimaciones recibidas y reiteradas promesas de mudanza, el mismo continúa funcionando”. La gente, se queja por la emanación de gases nocivos, ruidos y porque además “trabajan constantemente en la calle” según señaló Dora, una de las vecinas que desde el año 2002 se opone al funcionamiento de esa planta de tratamiento de metales. En ese sentido, manifestó que a los galpones instalados en Noya y Aristóbulo del Valle se puede acceder por el interior de los mismos e indicó que “con sus vehículos cortan la calle impidiendo el paso de los colectivos que circulan por el lugar”. En cuanto a los gases que emanan reconoció que “no sabemos hasta qué punto contaminan, aunque hay radicadas numerosas denuncias”.
Zona central
Por su parte, Carlos vive enfrente y hace un tiempo debió someterse a una traqueotomía por lo que su calidad de vida se ve afectada por esos gases. Según dijo, ahora lo obligan a respirar ese aire sin filtro por lo que teme por el deterioro de su salud. Para demostrar los daños que producen los gases, puso de relieve que las hojas de los árboles que “tienen un color amarillo”. Para ellos el único modo de terminar con los inconvenientes es la reubicación, dado que se encuentra instalado en un sector densamente poblado. Una de las primeras intimaciones se realizó en el 2008. El municipio pedía por nota retirar todos los elementos perecederos y de terceros del sector de fosfatizado y planta de tratamiento de líquidos a efectos de proceder a la clausura de ese sector. Sin embargo, en la misma fecha, la empresa manifestó sus intenciones de mudarse presentando un cronograma de tiempos que implicaba esa tarea. Vencido ese plazo y en otra comunicación la comuna señaló que en julio del corriente año se trasladaría a Cañuelas, aunque nada cambió.
La comuna no actúa
Si bien esa novedad alimentó la esperanza de los vecinos, a los pocos días la misma se desvaneció como ocurrió con las promesas anteriores. Tras una nueva inspección realizada por agentes de Lanús y el reclamo de posterior desmantelamiento de la planta en un plazo de cinco días, el tiempo venció largamente y de allí el malestar del vecindario.