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15 de febrero 2011 - 00:00
Protesta en jabonera ante posible cierre
Empleados, que hace dos años que no cobran su sueldo, impiden la entrada y salida de mercaderías por temor al vaciamiento de la fábrica
El conflicto lleva varios años y sólo quieren defender su fuente de trabajo Operarios de una jabonera ubicada en Otamendi al 1200 de Valentín Alsina resolvieron impedir la salida y entrada de mercaderías, porque temen el posible vaciamiento de la misma. Son unos 30 obreros que hace dos años no cobran sus salarios, al tiempo que están preocupados porque también hubo cuatro despidos. En ese mismo edificio, explicaron, “funcionan dos empresas distintas aunque ambas pertenecían a un mismo dueño. Sin embargo, al fallecer hace cinco años quedaron en manos de sus dos herederos y desde entonces comenzaron los inconvenientes”, señalaron. Sobre la situación que padecen, el delegado Fabián Morales manifestó que “hubo más de 15 denuncias ente le Ministerio de Trabajo de la provincia y no han tenido respuestas”. Morales, que hace 14 años que trabaja en la empresa indicó también que, además de los salarios, se les adeudan cargas sociales y tampoco cuentan con una Aseguradora de Riesgos de Trabajo (ART) que los proteja. Por otra parte, señaló que si bien la grasería y la jabonería funcionan en el mismo edificio, hay dos sindicatos, por lo que unos pertenecen al gremio de la Alimentación y otros a Jaboneros. Al último de los gremios pertenecen los trabajadores en conflicto, que de todos modos se presentan en la empresa diariamente de 6 a 14 y de 14 a 22 según el turno aunque sin realizar tareas porque “no hay materia prima para elaborar”.
La comuna no responde
En cuanto a las reuniones en el Ministerio de Trabajo recordaron que las mismas se suceden sin respuesta y apuntaron que “se busca dilatar el conflicto ya que no se cumple con los acuerdos”. Buscaron ayuda en el Concejo Deliberante y la Municipalidad de Lanús, donde tampoco encontraron eco a sus reclamos. El empleado de mayor antigüedad dentro de la empresa es Villamayor. Durante tres décadas trabajó primero como tercerizado, pero hace nueve años fue efectivizado por lo que conoce todos sus secretos y hasta el último rincón de la misma. “Yo vine a levantar la fábrica”, pregona con una mezcla de orgullo y dolor. Explicó que los inconvenientes comenzaron tras la muerte del único dueño, y posterior desmantelamiento de la planta de jabón en polvo. Esa suma de factores y el escaso ingreso de materia prima para el normal desarrollo de la fábrica fueron aprovechados por los nuevos directivos para despedir a 60 obreros. A partir de entonces, comenzó una sangría que no se detiene y de allí, la preocupación de esos obreros de perder su fuente de ingreso, que por ahora defienden custodiando el portón, evitando así el posible retiro de maquinarias o mercaderías.