Después de la caída del martes por la mínima diferencia ante Luján, en la Basílica, el entrenador Osvaldo Ruggero decidió dar un paso al costado en Talleres. No había objeciones. El conjunto de Remedios de Escalada suma cuatro compromisos sin conocer el triunfo y se aleja cada vez más de los puestos de vanguardia y el ascenso parece ser, de a poco, una utopía. Sin embargo, 24 horas trascurrieron, y la comisión directiva del albirrojo convenció al técnico para que continúe al frente del equipo.
Fueron unos momentos de mucha convulsión en el interior del club tallarín. Tranquilo y consciente de que era lo mejor para la institución, Ruggero había optado por evitar complicaciones y “descomprimir” la situación con su alejamiento. Pero recapacitó, dio marcha atrás y nuevamente se puso el buzo de entrenador. Así, estará en la cancha de Timote y Manuel Castro cuando su elenco reciba el lunes a Argentino de Merlo.
Un cambio repentino
Tras la renuncia, la dirigencia daba por sentado que ya era inevitable un retroceso. Así lo explicaba el vicepresidente Edgardo Guerrero en Radio Colonia: “No pudimos hacer nada para retenerlo. Lo llamamos para convencerlo y nos dijo que quería descomprimir la situación, porque tal vez, si llega otro técnico, los resultados iban a volver”. Para colmo, agregó: “Mañana -por ayer- los muchachos ya se pondrán a trabajar para buscar a otro entrenador”. Un par de horas después, la historia viró y aquel que se había ido, finalmente retornó. Lo pensó mejor e intentará que su Talleres mantenga la pelea por un ascenso a la Primera B Metropolitana.
El choque con Luján mostró a un tibio elenco visitante. En la Basílica, el dueño de casa fue eficaz, golpeó en el momento justo cuando a los 26 minutos convirtió Guillermo Bogado y desde allí, no hubo reacción del rival. Talleres perdió la brújula, intentó pero jamás encontró y le facilitó los caminos al lujanero para no sufrir sofocones. Un derrota que deberá revertirse cuanto antes.