La vida los mantuvo en sendas paralelas hasta que finalmente se cruzaron y unieron para siempre. Fueron vecinos en La Boca y también en Lanús, donde se casaron. De ese matrimonio nacieron dos mujeres y un varón que falleció hace unos años. Su vida siempre fue de trabajo y en ese sentido sus hijas recordaron que de soltera y antes de ir a su empleo, ayudaba en los quehaceres del hogar y también, más tarde aprendió a preparar los barriles para el despacho de vino que supo atender ya de casada.
Dentro de su habitación con preciados trofeos de su voluntariado como costurera, hay una lámina donde se encuentra impreso su nombre, que es la que preside el estante donde reposan esos objetos. Ese detalle no es menor "porque ella esta orgullosa del mismo" dijo su hija Beatriz.
Según contó, el nombre Diomira lo creó su abuelo quien al no recordar el que le había sugerido su esposa para la niña recién nacida, camino al Registro Civil mezcló su fe en Dios y algunas letras resultando ese nombre tan particular. En cambio sus bisnietos Wendy y Julián recuerdan las pastas que amasaba la abuela los domingos, y las monedas que les entregaba para que compraran caramelos en el kiosco cercano