Sube y baja
En diálogo con este medio, Luis Linares, uno de los referentes barriales, explicó que “desde hace 15 años estamos luchando para que se normalice el servicio eléctrico en nuestras casas”, aunque la bronca se profundizó en este último tiempo debido a la reiteración de los cortes. Han presentado varios reclamos a la concesionaria (N° 326438, 342553, fueron los últimos), y aunque la empresa envió a algunas cuadrillas a supervisar las denuncias no han resuelto el problema.
Linares, quien impulsó la ocupación de estas tierras en 1981, en plena dictadura militar, hizo especial hincapié en los riesgos que esta situación trae para la salud, ya sea por no poder calefaccionar las viviendas, los nebulizadores o los bombeadores de agua, ya que en el barrio no hay red de agua potable. Roxana Casco, que hace 27 años vive allí, agregó que al cortarse la energía y la cadena de frío también perdió costosas vacunas para el tratamiento médico que realiza.
“Antes teníamos el problema durante el verano, pero ahora pasa en todo momento. Necesitamos que nos den una solución definitiva”, subrayó María Rosa Romano, quien junto a Víctor Figueroa, se radicó en el barrio hace 25 años. Esta familia, como tantas otras, sufrió desperfectos en heladeras y televisores a causa de la baja tensión, y los arreglos los tuvieron que pagar ellos.
Linares recordó que cuando conformaron el barrio “habíamos armado una red con cables de cuatro milímetros y nunca se cortaba la energía, incluso cuando todo quedaba bajo el agua. Es más, nosotros llamábamos a SEGBA para que interrumpieran el servicio para que no hubiera electrocutados. Pero después renovaron la instalación y comenzaron los problemas”, recalcó el dirigente barrial, para quien la calidad de vida en el barrio “ha retrocedido”.