Un estadio 20 de Octubre a reventar y toda la decepción. Un reconocimiento en paz por la gran campaña, pero el dolor de otra frustración. Como la de la final ante Defensa y Justicia en la cancha de Quilmes en 1997 o la de Santa Fe en la Promoción perdida contra Unión, en ambas oportunidades con la conducción de Oscar Martínez. Esta vez el verdugo de Tristán Suárez fue Villa Dálmine, que terminó celebrando lejos de su ciudad, allá donde había sido victoria por 1 a 0 y dejaba el camino abierto a la gloria.
El equipo no estuvo a la altura de las circunstancias, tal como ocurrió ante cada compromiso clave en condición de local, como los que perdió ante Chacarita o Estudiantes de Caseros. Y el técnico Ricardo Caruso Lombardi, quien recibió alguna recriminación aislada, se hizo cargo del "fracaso", aunque reconoció que se "falló" en este partido decisivo. Y en sus declaraciones, le pidió "perdón" a la familia Granados, casi a modo de despedida.
Según trascendió, al día siguiente de la caída en la final por el tercer ascenso, el mediático entrenador ya se reunió con los directivos de Quilmes, a los efectos de arreglar su posible vuelta al Cervecero. Entonces, en el Lechero será el turno para otro ciclo, en medio de una enorme incertidumbre por lo que vendrá, pues luego de una gran apuesta, suele darse un torneo de transición.
Ahora, qué ocurrirá con los más de 20 jugadores que incorporó Caruso Lombardi para este certamen de sólo cuatro meses de duración. Algunos hicieron méritos para ser tenidos en cuenta, otros no, pero, seguramente, la inversión económica no será la misma y con un presupuesto algo acotado, el futuro de la mayoría de los futbolistas también es incierto.