Según la información recolectada por CPM, se trata de "un régimen de encierro extremo que no cumple con la normativa nacional e internacional vigente" que regulan estos ámbitos.
Al respecto, aseguran que algunos días a la semana, "los jóvenes permanecen alrededor de 20 horas encerrados en sus "dormitorios", auténticos calabozos sin ninguna diferencia con los de una cárcel de adultos. Tienen puerta metálica con pasa plato y están distribuidas en pabellones cerrados con rejas".
Los fines de semana pueden permanecer las 24 horas aislados. Y, por otro lado, los lugares de recreación no son adecuados: un único patio enrejado hasta el techo que, en el caso del Pablo Nogues, nunca penetra el sol.
Para Víctor de Genaro, integrante de la CPM que estuvo presente en una de las inspecciones, "la situación es agobiante y no contribuye a una preparación para la vida, sino que es una puerta abierta a la reincidencia".