La obra sondea desde el abstracto una evocación permanente a la niñez, a un lugar donde el sentido de las formas dependen más de la intención del receptor que de la obra del artista. Las figuras abstractas, el contraste de colores y los colores primarios son una invitación a volar, a volver a jugar, pero con la calidad de una gran artista detrás.
"En el otro busco llamar su atención y que pueda imaginar su historia en mi pintura; en mí busco una catarsis, un método para dejar que fluya mi ser a través del arte. Me gusta que mis cuadros tengan dinamismo, y lo característico de ellos es que no tiene marco", explicó Zárate.
Cinco piezas
La muestra se compone por cinco piezas, "Luna Vacía", "Flor de otoño", "Danza del equilibrio" "Sangrante sol" y "Corazón espinado", y permite a los visitantes un paso profundo a través de cada obra. Pero no sólo de la charla con su hijo deriva la obra, sino también del espíritu lúdico e inquieto que caracteriza a la artista lomense.
En este sentido, recordó: "Hay una anécdota que nadie conoce de mi infancia, que me marcó para siempre. Un día la maestra pidió que al otro día lleváramos a la escuela lentejuelas, y yo no se porque le dije a mi mama que me pedían lentejas. Cuando fui al otro día a la escuela, todos estaban con sus brillos y yo con mis lentejas. Sentí que el mundo se me caía encima. Por eso creo que a ninguna de mis obras le falta luz, contraste, brillo, como una forma de demostrar que yo también puedo brillar, que nací para eso".
Docencia
Zárate comparte su amor por el arte con su pasión por la docencia. Al respecto, consideró que habría que potenciar el arte en las aulas "a través el arte comunitario, organizar jornadas de murales, arte interactivo, exposiciones y concursos dentro de las escuelas".
Consideró que, respecto a los espacios donde exponer, "tal vez falte un lugar que pueda albergarnos a todos y creo que eso podría lograrse con más políticas públicas".