Según confirmó Microsoft en un comunicado, ya no habrá restricciones para la reventa de videojuegos físicos o el préstamo, sin ningún tipo de sistemas de control DRM. Tampoco existirá la necesidad de que la consola se conecte cada 24 horas a Internet para poder utilizarla. Por último, tampoco existirá una restricción regional, algo que no era tan criticado como las anteriores restricciones, pero que sí fue muy atacado por algunos usuarios que acostumbran a comprar juegos importados.
Entonces, el sistema de uso de los videojuegos de Xbox One será idéntico al de PS4. Esto es lo que demandaban los gamers.
Lo negativo de este cambio de estrategia es que Microsoft también eliminó el intercambio de juegos bajados por la tienda online de la consola, algo que no permiten Xbox 360 y PS3 y que tampoco admitirá Xbox One.
Tras los cambios anunciados, la Xbox One y la PS4 quedarán a mano, al menos en cuanto a sus características técnicas y sus prestaciones. Lo interesante del abrupto cambio de Microsoft es cómo la opinión de los usuarios en las convenciones, blogs y en las redes sociales puede transformar y cambiar un producto que todavía no vio la luz. El poder de la opinión en una era 2.0 toma fuerza y ratifica la teoría que al dispositivo lo hacen también sus usuarios, no sólo los ingenieros, programadores y diseñadores.
El usuario del siglo XXI redefine, transforma y forma parte del dispositivo que lo identifica.