¿Por qué los blogs pierden popularidad, cuando hace algunos años su éxito era incuestionable? La explicación puede estar sostenida en varios pilares.
El auge de las Redes Sociales: Publicar un blog en una comunidad en la que no están nuestros conocidos ya no tiene sentido. Es más fácil y directo llegar a una audiencia al compartir en Facebook. Aunque las notas de esta red social no son tan comunes siempre son una opción. Si comparamos las opciones que ofrece un post tradicional a una nota en Facebook, la primera gana con amplitud debido a todo lo que se puede configurar e integrar. Las redes sociales pueden ser utilizadas como una herramienta para compartir lo que se escribe en un blog.
Aspecto audiovisual: Con la integración de cualquier dispositivo multimedia y la facilidad de configuración de estos elementos que pueden insertarse en una entrada, el texto plano ya no llama la atención del visitante. Para captarlo, hay que involucrar la mayor cantidad de elementos, sin perder de foco la estética y la utilidad. A veces un video, sobra, cuando no explica nada y abruma al usuario. Las infografías demuestran, estadísticamente, ser el contenido interactivo más consultado cuando aparece una en un sitio web.
Contenido: Un contenido corto, conciso y claro se consume con poco tiempo y es mucho más efectivo. Esto explica en parte el apogeo de Twitter y otras plataformas de microblogging.
No se puede asegurar la muerte de los blogs. Se calcula en el mundo que hay 152 millones de blogs. Sin embargo la creación de nuevos blogs comenzó a desacelerarse. En 2007 se duplicaba la cantidad de páginas de este tipo cada seis meses. Hoy crece su número muy marginalmente.
Los blogs no morirán, están cambiando su función. Son el centro, el corazón de una idea, de un contenido publicado y más producido de lo que puede quedar en una entrada de Facebook o de un Twitt. Lo que sí, sin compartirse en redes sociales, su utilidad queda caduca. Su sentencia de muerte es prematura, sí habrá una menor cantidad de nuevos blogs de las que estamos acostumbrados, pero el eje de su utilidad y la forma en la que se usa se corrió. Perdieron popularidad, pero ganaron en utilidad. Ya no importa tanto quienes comentaron una entrada, sino cuantos me gusta tiene ese enlace en Facebook y cuantas veces fue twitteado o compartido. Hasta dónde llegó ese post ya es completamente medible y mesurable. Todo cambia y se transforma, también en Internet.