Paseos nocturnos organiza Iguazú Argentina, con recorridos que parten desde la entrada del parque y comienzan con una travesía en el Tren Ecológico de la Selva, diseñado en Inglaterra. Este ferrocarril turístico, de vagones abiertos, atraviesa diferentes áreas del parque nacional, en un parsimonioso paseo de tres kilómetros, que por momentos transcurre pegado a las aguas de uno de los brazos del río Iguazú.
Durante los paseos nocturnos, los guías piden especialmente a los visitantes que guarden silencio, para que se puedan escuchar los acordes de la naturaleza. Acompasados por el sonido del tren, los aullidos lejanos, el crujir de los árboles y los sonidos de infinitos insectos se entrelazan para conformar una música nocturna de la selva misionera.
Tras el paseo maravilloso en tren, se llega a una pequeña estación desde la que parten las pasarelas que llevan hacia la Garganta del Diablo, punto final de la travesía.
Actualmente, el circuito de pasarelas ha sido renovado, reemplazándose los antiguos corredores por un sistema de pasarelas rebatibles, que se pliegan cuando llegan las feroces crecidas del río, para no ser arrancadas de cuajo. Los visitantes van atravesando este magnífico circuito de pasarelas que pasa por trozos de selva cerrada, por los que se escuchan a sus habitantes, monos, tapires y fantásticas aves.
El espectáculo de la Garganta de Diablo, el más espectacular de todos los saltos que conforman las Cataratas del Iguazú, tiene un efecto casi hipnótico, que alcanza niveles de emoción difícil de describir con palabras. Más allá de la espectacularidad de sus caídas de agua, de los adrenalínicos paseos en lancha por debajo de los saltos o de sus modernos circuitos y centros de interpretación, el mayor valor del Parque Nacional Iguazú reside en la capacidad de armonizar la presencia del hombre con la conservación de este santuario natural en el que se protegen especies que están en peligro de extinción como el yaguareté, ocelote o el huidizo macuco.
También una flora autóctona con más de 2.000 especies, frondosos helechos, bromelias, orquídeas, palmeras y gigantescos árboles que sirven de soporte a una gran variedad de enredaderas trepadoras, que proveen permanentemente de alimento a monos, coatíes, venados, tucanes, etc. Algunos de los muchísimos “vecinos” del Parque Nacional Iguazú.