"En su comienzo, cuando Boris Furman fundó este lugar, quiso darle una oportunidad a la gente que no podía viajar a Italia para apreciar estas obras de arte e hizo construir en Florencia una réplica en tamaño natural -80% en mármol y 20% en arcilla acrílica- del Moisés, del David y de la Piedad", contó, Facundo González, del área de Atención al Cliente del cerro Otto.
"Además -agregó- hay toda una galería con cuadros y dibujos dedicada al eximio artista, lo que genera un contraste por demás interesante: encontrar semejantes obras de arte en un ambiente de montaña".
La inmensidad y el encanto del lugar se realza, por supuesto desde las alturas y González dio cuenta de ello con su particular descripción. "Desde acá podemos observar, allá abajo, la ruta 40 sur que va hacia la provincia del Chubut; y al fondo la ciudad de Bariloche en toda su extensión, más el cerro Carbón, el cerro Ñireco y el cerro Ventana, llamado así por el agujero que formó la erosión del viento", explicó.
También, además de los espejos azules del lago Gutiérrez, el Nahuel Huapi y el Moreno este y oeste, desde la altura es posible observar las grandes elevaciones del Frei, el Catedral, el Tronador, el Goye, el López, el Campanario y el Bella Vista, que es de mucho menor tamaño. Con características propias, cada una de las montañas es una invitación a la aventura, tanto para primerizos estudiantes, como expertos y competitivos esquiadores.
Por su parte, las actividades que pueden realizar en las instalaciones del cerro Otto son variadas y están preparadas para grandes y chicos; desde el lanzamiento en trineos hasta las caminatas con raquetas a través del bosque de lengas.
Recorrer la zona a cualquier hora se ha convertido en una modalidad ineludible que promueve el deseo de un pronto retorno.