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05 de julio 2015 - 00:00
Cuando la comarca se vive desde adentro
Museos, casas de té galés y cervecerías artesanales son algunas de las opciones que ofrece la región andina de Chubut, cuando el turista se ve afectado por cuestiones climáticas o su sola voluntad. Esto sucede, por supuesto, como alternativa a otro de los principales atractivos del lugar, que es el centro de esquí La Hoya.

Si la lluvia arrecia sobre atractivos naturales como el Parque Nacional Los Alerces o la reserva natural de las Cascadas Nant y Fall, la comarca formada por Esquel y Trevelin tienen interesantes actividades "indoor". Un secreto a voces que los visitantes consideran y reinciden a la hora de volver a este lugar de ensueño.

Una merienda en una casa de té galés, al calor de un hogar a leña y en una mesa junto a una ventana tras la cual cae la nieve o una fina lluvia de invierno, es uno de los mayores placeres que propone esta comarca en la estación fría.

Las casas de té galés son un clásico en el valle del Chubut, ya que estos inmigrantes arribaron cerca de su desembocadura en el mar y remontaron sus márgenes, poblándolas con su cultura hasta la cordillera, con Gainman y Trevelin en ambos extremos como ciudades destacadas para esta ceremonia ancestral.

"Usted, colóquelas como quiera, pero la torta va en el borde de la mesa y la tasa hacia el centro, por tradición y para que no caigan migas en el té o que se derrame sobre sus rodillas", explica Susana, dueña de una de estas casa en Trevelin, a un visitante que acomodó los implementos al estilo argentino.

Un té galés se sirve en una tetera llena, a veces "vestida con un abrigo de lana tejida para conservar el calor y, fiel a su costumbre se permite repetir varias tasas.

Para cada comensal, el té va acompañado de una decena de porciones de escones, tortas y tartas -saladas y dulces-, quesos, tostadas, cremas, confituras, manteca, mermeladas y dulces.

Difícilmente alguien de apetito normal pueda ingerir todo eso, por lo que es común que los clientes salgan de las casas de té con sus viandas para el desayuno del día siguiente.

También en lo gastronómico -aunque no conviene ir el mismo día del té galés- hay en Esquel varias cervecerías artesanales, donde sus propios dueños preparan la bebida, con sabores particulares.

Hacen pequeñas producciones de alta calidad de cervezas negra, rubia y roja, con el mejor lúpulo del país, cultivado en El Bolsón y la Comarca del Paralelo 42 (límite entre Chubut y Río Negro).

Algunos producen cerveza de trigo, como la que se consume en Alemania, para lo que importan ese cereal de Bélgica, y uno de estos emprendedores también tiene una especialidad ahumada.

Se trata de Randal Williams, quien además permite al público ver la planta familiar elaboradora -junto al local de venta y consumo- donde están la sala de embotellado, la cámara de frío y la cocina, además del deposito de malta, levadura y botellas.

En lo cultural se destaca el Museo Lituano Olgbrun, el único del país dedicado a esa colectividad, con tres salones divididos en forma temática sobre historia y cultura de esos inmigrantes bálticos, y una sala sobre ciencias naturales.

El Museo ubicado en la localidad de Villa Ayelén -entre Esquel y Trevelin- fue declarado de Interés Cultural por la Cámara de Diputados de la Nación, y pertenece a Olga Ipólito y Bruno Lukosevicius -"Olgbrun" es un acrónimo de ambos nombres de pila-, un matrimonio próximo a cumplir sus bodas de oro.

El es el lituano, pero ella es la directora del museo y quien guía a los visitantes y cuenta la historia de cada pieza en exhibición, ya sea fotos, indumentaria, utensilios o libros.

Entre otros objetos, está la imprenta que trajeron estos inmigrantes en 1886 para hacer el semanario "Balsas", que era "la voz de los lituanos en Argentina".

El museo está dentro del predio "Villa Olgbrun" -de los mismos dueños- un espacio turístico, con cabañas, jardines y angostas calles de tierra, que remeda una villa lituana de 1820.