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18 de enero 2014 - 00:00
Mar del Plata fue un horno con una térmica de 41º
Después de una madrugada con diluvio y una mañana nublada, se armó una tarde fantástica y las playas se colmaron de turistas desafiando a un mar agradable, pero turbulento.
Tras la noche fresca del jueves, todos se fueron a dormir planificando una jornada que prometía mucho calor y sol a pleno.

"Descansemos bien que mañana hay playa para rato"
, fue la recomendación que se repitió en los distintos hogares de familia. Los jóvenes, por su parte, salieron a disfrutar de la noche sabiendo que el día les depararía varias horas de sol por lo que se podían reservar la mañana para descansar.

Sin embargo, alrededor de las 4 de la madrugada, los truenos sobresaltaron a unos y otros. Enseguida, un diluvio cayó sobre toda Mar del Plata. Y duró tanto que, los que estaban en la cama empezaron a sospechar que debían cambiar de planes y, los que andaban por la calle, resolvieron extender su juerga.

Lo cierto es que el viernes amaneció poblado de nubarrones oscuros, viento y la sensación de que en cualquier momento podía volver a desatarse la lluvia que, a decir verdad, también estaba prevista en algunos portales climáticos. A las 9 de la mañana la temperatura era de 22 grados, y es que pese a lo encapotado del cielo, el aire era caliente.

Pero cuando avanzó la mañana la atmósfera empezó a cambiar. Y algunos minutos después del mediodía, calmó el viento, después rotó y empezó a soplar con fuerza desde el noroeste trayendo un aire caliente que quemaba, y la temperatura trepó hasta los 36 grados, con una sensación térmica de 41. Las nubes, lentamente, iniciaron una huida que permitió que apareciera el sol con toda intensidad. Un rato más tarde, el termómetro llegó hasta los 32 grados, y se armó un día fantástico que permitió que todos los que habían planificado su día de playa, pudieran llevarlo a cabo. Eso sí, debido a la pesadez y al calor, de tanto en tanto, todos los que se desparramaron en la arena para adorar al sol, oteaban el horizonte para ver qué tan lejos se habían ido las nubes y qué posibilidades había de la tarde desmejorara.

Los agoreros de siempre anunciaban a su paso: "No va a aguantar, en cualquier momento vuelve el agua". Otros, más informados, lanzaban: "el señor del tiempo, por la tele, dijo que va a volver a llover, pero recién a la noche". Pero a la mayoría no le importó y el mar fue casi un hábitat natural para los veraneantes que eligieron acomodarse muy cerca de la orilla para tener las olas reparadoras bien cerca.

La temperatura del agua, por estos días, es por demás aceptable y casi todos, incluso en los días menos calurosos, se animan a darse al menos un baño. El tema es que, más allá de su temperatura agradable, el mar está bastante revuelto. Una característica que se mantuvo en las playas marplatenses desde el inicio del año, es la presencia de muchas horas y demasiadas turbulencias, incluso en los primeros metros, cuando apenas nos hemos mojado las rodillas.

Esto hace que sea bastante agotadora la permanencia dentro del mar. Erica (42), no dejaba de reírse por un revolcón producto de una ola embravecida: "El mar está hermoso, pero las olas no te dan tregua. Vienen una atrás de la otra, es un lindo ejercicio pero te cansa mucho. Hay que estar bien en forma para aguantarles el ritmo".