La sensación del clima apacible y prácticamente constante durante todo el año las terapéuticas y curativas propiedades de las aguas termales, la calidez y hospitalidad de su gente lo hacen un lugar muy placentero para el pleno descanso.
En sus alrededores, efectuar una visita a los bañados santiagueños es una experiencia muy interesante para realizar, especialmente a la salida del sol o cuando comienza a ocultarse.
Distintos paseos y excursiones pueden efectuarse en la ciudad y sus alrededores. También la persona que gusta de la pesca puede hacerlo en el Lago Embalse, o practicar golf en el Campo Municipal, realizar cabalgatas y agroturismo, que son algunas de las actividades que se combinan con los baños termales naturales.
En cuanto a la ciudad misma se puede conocer la Iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro que data del año 1945, el estilo colonial del Palacio Municipal, el Centro Cultural General San Martín, el Museo Paleontológico Rincón de Atacama o admirar una gran variedad de productos autóctonos realizados por genuinos artesanos como la cestería, con excelente calidad de bolsos y canastas, entre otros objetos realizados con paja brava y junquillo.
La ciudad de Río Hondo, cuyo nombre original era Miraflores, su verdadera importancia radica en su gran balneario termal de aguas naturales ricas en sales y minerales. El Dique Frontal fue inaugurado en 1967 con el fin de atenuar las crecidas, mejorar el riego y generar energía.
Las aguas del río Dulce eran ya conocidas desde la época precolombina con el nombre de Aguas del Sol. El prestigio de la ciudad existe desde hace siglos. Los príncipes del Alto Perú, los incas, llegaban a las “aguas milagrosas” para disfrutar de su microclima único y darle energía termomineral a sus vidas.
Antes de la llegada de los españoles habitaban la zona aborígenes sedentarios, los tonicotes. Estos se ubicaron a orillas del Soconcho, río de aguas mansas que los españoles tradujeron como río Dulce.