Se cumplen hoy 4 décadas de su conquista del título mundial supergallo AMB, que sacó al boxeo argentino de un bache al inicio de los '80. Pero en su ajetreada y tormentosa vida, se esconde una historia digna de Hollywood, que pocos contextos como el submundo del boxeo pueden propiciar.

El boxeo tiene historias inimaginables como las que vamos a contar ahora, que no suceden en ningún deporte, y que se activan un día como hoy -9 de agosto- en que se cumplen 40 años de que el chaqueño Sergio Víctor Palma Solís (se agregó el apellido materno) ganó el título mundial supergallo AMB (1980).

No eran épocas de vacas gordas los principios de los ’80 para el boxeo argentino a nivel mundial, ya sin Monzón ni Galíndez, y las derrotas de Corro y Cuello. La década del ’80 había iniciado sin campeones ecuménicos.

Y no parecía ser Palma quien lo sacara del letargo, máxime que ya había tenido su chance mundialista ante el colombiano Ricardo Cardona en diciembre del ’79 y perdido por puntos, aunque ajustadamente.

Sin embargo, como visitante, el guerrero de La Tigra, Chaco, dio la nota: en el Coliseum de Spokane, USA, conquistó esa corona al vencer por KOT 5 al estadounidense Leo Randolph, un ex campeón olímpico de Montreal 1976.

“Yo comencé a ser campeón mundial cuando terminó mi pelea ante Ricardo Cardona, porque ahí me di cuenta que pese al fallo adverso, lo superé. Y sabía que en la próxima no se me escapaba”, confesó Palma tiempo después a este cronista.

El chaqueño fue hasta ese momento el argentino que en menor tiempo ganó una faja mundialista (5º round), además del primero en vencer a un yanqui en su propia casa.

Es más; Randolph le había arrebatado el cinturón al propio Cardona por KOT 15, por lo cual no sólo Palma no era el favorito, sino que tampoco alentaba demasiadas esperanzas entre los criollos.

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Pero gracias al maestro Santos Zacarías, que convirtió a un boxeador de estilo, en un peleador encarnizado merced a un riguroso entrenamiento coasi militar, Palmita avasalló de principio a fin al pobre Randolph, lo tuvo al borde del KO en las dos primeras vueltas, cambió el aire en el 3º y 4º, y en el 5º lo remató, trayendo el título a la Argentina.

El viejo maestro supo conducir a su pupilo para que vaya por la AMB y esquive al boricua Wilfredo Gómez, campeón CMB, mucho más peligroso por poder y malicia, al punto que hasta rechazó una oferta titular para ir contra él.

Palma defendió su corona exitosamente en 5 ocasiones -siempre como local- y la perdió frente al dominicano Leo Cruz, en Miami. Poco después se retiró, aunque volvió para hacer un par de peleas a fines de la década (10 de agosto de 1990, hace casi 30 años exactos).

Pero además fue un poeta empedernido, y un cantante vocacional que incursionó no sólo en la música, sino también en la actuación, protagonizando la serie televisiva “Gunte de Barracas”, producida por él mismo. Y más tarde se volcó al periodismo boxístico.

Tanto se diferenció que se lo recuerda como el boxeador poeta, o el boxeador cantante, y le aportó al deporte de los puños ese toque de distinción que lo hizo sobresalir intelectualmente de la media del púgil estándar.

Un par de ACV sufridos años después de su retiro lo fueron limitando, y actualmente padece Parkinson, aunque siempre lúcido mentalmente.

Vive en Mar del Plata –en la zona de Punta Mogotes- con su actual pareja, Orieta Edith Gilberto, de 81 años, que lo cuida y atiende.

Palma con Orieta, su pareja.jpeg

Hasta hace poco tenía un gimnasio propio cerca de allí, algo alejado, pero a todo trapo, que debió cerrar el año pasado porque quienes lo atendían no eran del palo y se vino abajo, cuyo ring se lo regaló al ex boxeador y rival -ahora DT y amigo- Fernando Sosa. Y aquí viene la historia:

Sosa –que debió retirarse del boxeo por un desprendimiento de retina cuando estaba a días de pelear por el título mundial-, lo visita semanalmente y comparte largas tardes junto a él, acompañado del “Gato” Carlos Olivera, otro púgil de aquellos tiempos, radicado también en Mardel.

Pero el santiagueño había sido rival de Palma en el Luna Park justo cuando éste reapareció (recién al año) tras su derrota ante Leo Cruz, y en fallo polémico, el chaqueño se llevó la victoria.

Jamás volvieron a verse ni a cruzarse Palma y Sosa desde entonces. Hasta que una vez, en una velada de boxeo, se reencontraron. Palma lo abrazó, y le pidió disculpas llorando por aquel fallo, porque reconoció que no le había ganado y que la gente siempre se lo recordaba.

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El santiagueño le restó importancia, lo consoló, comprendiendo las leyes del deporte en las que si alguien es inocente es el deportista. Pero de pronto pasó alguien mientras estaban abrazados y le espetó al ex campeón: “ése te dio una paliza en el Luna”.

“¿Viste? ¡Te dije!”, le volvió a decir el chaqueño, y siguió llorando.

Así comenzó una relación inseparable, porque Fernando se ofreció a ayudarlo en su enfermedad. Desde entonces lo visita y acompaña, recuerdan anécdotas y viejos tiempos, y lo estimula a realizar sus proyectos, como un libro sobre reflexiones del boxeo y de la vida que está elaborando en sus momentos de mayor lucidez -y publicará próximamente-, que su pareja Orieta le escribe en la pc.

Y el ring que era de Palma, y que ahora habita en el gimnasio de Fernando Sosa donde entrenan muchos pibes, es el vínculo material de esa amistad.

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