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06 de octubre 2026 - 11:45
El Niño se intensifica y aumenta el riesgo de incendios, inundaciones y enfermedades

El fenómeno climático podría elevar las temperaturas y alterar las lluvias en distintas regiones del mundo, con impacto en cultivos, ecosistemas, salud y seguridad alimentaria.

La intensificación del fenómeno de El Niño podría modificar el régimen de lluvias y las temperaturas durante los próximos meses, aumentando la posibilidad de incendios forestales, inundaciones, daños en los cultivos, enfermedades y blanqueamiento de corales en diferentes partes del mundo. Este escenario se produce mientras la temperatura promedio global se encuentra cerca de 1,4 (2,5 ) por encima de los niveles preindustriales, de acuerdo con un análisis publicado por New Scientist.

El fenómeno se desarrolla cuando las aguas superficiales del Pacífico tropical alcanzan temperaturas superiores a las habituales. Este calentamiento modifica la circulación atmosférica, cambia las zonas de formación de nubes y redistribuye las precipitaciones. Por ese motivo, algunas regiones pueden atravesar lluvias muy intensas, mientras que otras enfrentan períodos prolongados de sequía.

Tim Stockdale, del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo, explicó a New Scientist que el calentamiento global podría potenciar los efectos del fenómeno. “Hay más humedad en la atmósfera, hay más energía en el sistema”, afirmó.

Indonesia enfrenta incendios cada vez más extensos

Entre las regiones que generan mayor preocupación aparece Indonesia, donde la falta de humedad favoreció la expansión de incendios en bosques y zonas de turba. Hasta junio, las llamas habían afectado cerca de 1.000 kilómetros cuadrados. Según el medio británico, en los meses siguientes el área alcanzada por el fuego se duplicó en dos oportunidades.

Las condiciones secas permiten que las quemas agrícolas se propaguen con mayor facilidad hacia la vegetación y los suelos de turba, que contienen grandes reservas de carbono. El humo generado por los incendios también empeora la calidad del aire y puede provocar consecuencias sobre la salud de cientos de miles de personas.

Las emisiones podrían llegar a niveles similares a los registrados durante los incendios de 2015, considerados uno de los episodios más graves de este tipo en el país.

En el Pacífico occidental también podría registrarse un incremento en la formación de ciclones tropicales. Las modificaciones en la intensidad y dirección de los vientos a diferentes alturas pueden favorecer el desarrollo de tifones. Entre las zonas con mayor exposición se encuentran Filipinas, Japón, Taiwán y el este de China.

África: lluvias intensas en algunas regiones y sequías en otras

El impacto de El Niño no será uniforme en el continente africano. En Etiopía, las escasas precipitaciones registradas entre junio y septiembre ya perjudicaron las cosechas, mientras que Sudán del Sur atraviesa una situación de inseguridad alimentaria.

Si el fenómeno continúa fortaleciéndose, el sur de Etiopía, Kenia y Somalia podrían recibir lluvias abundantes y sufrir inundaciones repentinas.

Los antecedentes muestran la magnitud que puede alcanzar este riesgo. Durante el fenómeno de 1997, las inundaciones relacionadas con El Niño provocaron aproximadamente 3.000 muertes en África oriental. En 2023, esa misma región registró cerca de 700 fallecidos, según los datos citados por New Scientist.

En el extremo sur del continente, el escenario podría ser completamente diferente. Malaui, Zambia y Zimbabue podrían atravesar precipitaciones muy inferiores a las habituales, con consecuencias para la producción de maíz y el acceso a los alimentos.

Durante los episodios de 2015 y 2016, decenas de millones de personas padecieron hambre y murieron cientos de miles de animales de cría.

En este contexto, Ilan Kelman, investigador de la University College London, remarcó que la gravedad de los efectos también depende de la capacidad de prevención y respuesta. “El tiempo no tiene por qué significar un desastre. Los desastres han ocurrido porque no hemos invertido en evitarlos”, afirmó a New Scientist.

Perú y otras zonas de América, bajo riesgo de lluvias extremas

En Perú, país donde se identificó y bautizó el fenómeno de El Niño, el calentamiento de las aguas próximas a la costa puede combinarse con fuertes precipitaciones y generar desbordes, derrumbes y daños en rutas e infraestructura.

El denominado “Niño costero” aparece cuando aumentan las temperaturas de las aguas que normalmente son frías frente a las costas peruanas. Este fenómeno puede anticipar o acompañar modificaciones de mayor escala en el Pacífico tropical.

El informe señala que al menos 52 personas murieron en Perú por inundaciones y deslizamientos asociados con ese fenómeno.

Los antecedentes también muestran el alcance de sus consecuencias. En 1998, un episodio particularmente intenso transformó sectores desérticos en grandes lagunas, provocó la destrucción de puentes y rutas en Ecuador y ocasionó daños en instalaciones de Bolivia.

Entre 1982 y 1983, las inundaciones y enfermedades provocadas por el fenómeno dejaron más de 9.000 muertos en territorio peruano.

Las lluvias extremas también pueden afectar a América del Norte. En California, las precipitaciones registradas en 1998 provocaron cientos de deslizamientos de tierra y barro. Cuando el suelo se encuentra completamente saturado, aumenta el peligro tanto en regiones montañosas como en ciudades cuyos sistemas de drenaje no tienen capacidad suficiente.

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Las inundaciones también aumentan el riesgo de enfermedades

Las consecuencias sanitarias pueden prolongarse durante semanas después de una inundación. El desborde de los sistemas de saneamiento puede contaminar las fuentes de agua potable y favorecer la aparición de enfermedades como el cólera y la leptospirosis.

Además, las temperaturas elevadas y la presencia de agua estancada generan condiciones favorables para la reproducción de mosquitos transmisores de malaria y dengue.

En 1998, las lluvias extraordinarias en el norte de Sudamérica coincidieron con brotes de cólera en Perú y otros países. Durante ese mismo año, las precipitaciones muy por encima de los niveles normales en África oriental estuvieron relacionadas con una mayor expansión de la malaria y la fiebre del Valle del Rift.

Rachel Lowe, del Centro de Supercomputación de Barcelona, también advirtió que los efectos pueden ser más graves en lugares con sistemas sanitarios y de saneamiento limitados. “Los mayores problemas suelen producirse cuando un clima inusual coincide con desigualdades socioeconómicas”, explicó a New Scientist.

El calentamiento del océano pone en riesgo a los corales

El incremento sostenido de la temperatura de los océanos también representa una amenaza para los arrecifes de coral. Cuando el agua alcanza temperaturas demasiado elevadas, los corales expulsan las algas que les proporcionan energía.

Este proceso recibe el nombre de blanqueamiento de corales y puede provocar la muerte de estos organismos si el calentamiento se mantiene durante períodos prolongados.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) alertó que los arrecifes ubicados en casi todos los océanos tropicales vuelven a encontrarse bajo un nivel elevado de riesgo.

Los tres episodios anteriores de El Niño de mayor intensidad coincidieron con blanqueamientos masivos, debido a una menor llegada de aguas frías desde las profundidades hacia la superficie.

El impacto sobre la temperatura promedio del planeta suele registrarse algunos meses después del pico de El Niño, debido a que el calor demora en distribuirse entre la atmósfera y los océanos.

Por este motivo, el análisis citado proyecta que 2027 podría convertirse en el año más cálido registrado, con temperaturas particularmente elevadas durante el verano del hemisferio norte.

Los pronósticos también contemplan que, una vez finalizada la fase cálida, pueda desarrollarse La Niña, caracterizada por el enfriamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial.

La transición entre ambos fenómenos puede provocar una rápida alternancia entre sequías e inundaciones y aumentar la presión sobre la producción de alimentos, los sistemas sanitarios, el transporte y el abastecimiento energético.