Los alcauciles son reconocidos por sus propiedades medicinales; además de suministrar un aporte sustancial de fibras al cuerpo, es recomendable para combatir reumatismo, artritis, trastornos renales entre otros, pero es particularmente eficaz para los alimentos que originan ácido úrico y otras sustancias que dañan el organismo. Además, es muy estimulante para los intestinos, recomendándose en casos de estreñimiento. Se recomienda por su eficacia a quienes padecen de uremia, obesidad, toxemia, arenilla en la vejiga y los riñones e inflamaciones en general. Estimula la función del hígado a través de las células hepáticas y es sumamente eficaz para las enfermedades de este órgano, como su insuficiencia y congestión. Además, regula las alteraciones de las vías biliares y es benéfico en el tratamiento de la icteria.
100 gramos de alcaucil aportan 44 calorías, 88% de agua, hidratos de carbono 7,5%, proteínas 2,3%, lípidos 0,1%, potasio 570 mg/100 g, sodio 35 mg/100 g, fósforo 80 mg/100 g, calcio 45 mg/100 g, vitamina C 9 mg/100 g, vitamina A 17 microgramos/100 g y Vitamina B1 0,1 mg/100 g.
Al comprarlos, conviene seleccionar preferentemente aquellos que tengan un buen tamaño y peso. Las hojas deben estar firmes y crujir levemente cuando se hace presión sobre ellas con el dedo.
Si se observan las hojas externas un poco ennegrecidas, suele ser por cuestiones climáticas, pero por dentro deben estar frescas. Esto se verifica apretando un poco el alcaucil que debe estar firme. En tanto que las hojas interiores permanecen blancas.
Otra forma práctica de comprobar si está fresco, es apretar la zona ancha donde está el cabito y acercarlo al oído para verificar si cruje. No está en condiciones cuando está muy blando o tiene manchas oscuras en esa zona.