Gianni Infantino confirmó que el proyecto FIFA Forward Enterprise no seguirá adelante luego de que la UEFA, la Concacaf y la Confederación Asiática lo rechazaran.
Gianni Infantino confirmó que el proyecto FIFA Forward Enterprise no seguirá adelante luego de que la UEFA, la Concacaf y la Confederación Asiática lo rechazaran.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, dio marcha atrás con uno de los proyectos más ambiciosos y controvertidos de su gestión. A través de un comunicado difundido en las plataformas oficiales del organismo, confirmó que el denominado FIFA Forward Enterprise (FFE) no seguirá adelante después del fuerte rechazo expresado por las principales confederaciones del mundo.
La iniciativa proponía abrir la puerta a la participación de empresas privadas en la gestión de determinados derechos comerciales y en la organización de algunos eventos de la FIFA, con el objetivo de generar nuevos ingresos para ampliar los programas de desarrollo destinados a las asociaciones miembro, especialmente aquellas con menores recursos económicos.
Sin embargo, el proyecto encontró una resistencia inmediata. La UEFA fue la primera en manifestar su oposición y advirtió que sus selecciones nacionales no disputarían competiciones organizadas por la FIFA si el plan prosperaba. Poco después se sumaron la Concacaf, que agrupa a las 41 federaciones de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, y la Confederación Asiática de Fútbol (AFC), conformando un bloque que hacía inviable la aprobación de la propuesta.
En su mensaje, Infantino explicó que el FFE había sido concebido para fortalecer el crecimiento del fútbol mundial, aunque aclaró que siempre estuvo condicionado al respaldo de una mayoría de las asociaciones miembro y a un amplio proceso de consultas con el Consejo de la FIFA, las confederaciones y otros actores del deporte.
"Tras escuchar cuidadosamente todas las opiniones, se ha hecho evidente que el proyecto ha generado divisiones de una naturaleza que, independientemente del nivel de apoyo, ya no están en el interés del objetivo establecido en primer lugar", sostuvo el dirigente suizo. Y concluyó de manera terminante: "En consecuencia, esta propuesta no avanzará".
El titular de la FIFA remarcó que el propósito de la entidad seguirá siendo impulsar el desarrollo del fútbol en todo el planeta y adelantó que convocará en las próximas semanas a federaciones, confederaciones y demás partes involucradas para buscar nuevas herramientas de crecimiento sustentadas en el consenso.
La oposición más contundente llegó desde Europa. La UEFA, presidida por Aleksander Ceferin, sostuvo que la Copa del Mundo constituye un patrimonio del fútbol y rechazó cualquier posibilidad de ceder parte de sus derechos comerciales a inversores privados. "Hay cosas demasiado importantes como para venderlas. La Copa Mundial de la FIFA pertenece al fútbol. Siempre será así", señaló el organismo en un duro comunicado.
La Concacaf acompañó esa postura y cuestionó tanto el contenido como la forma en que fue presentada la iniciativa. Las federaciones integrantes expresaron preocupación por la falta de garantías en el proceso de análisis, los escasos tiempos de discusión y la ausencia de una revisión previa por parte de los órganos de gobierno de la FIFA. Además, pusieron en duda la necesidad de recurrir a capital privado después de la realización del Mundial más rentable de la historia.
En la misma línea, la AFC consideró que las profundas diferencias entre las confederaciones hacían imposible alcanzar el nivel de consenso necesario para avanzar con el proyecto.
Hasta ese momento, Infantino defendía públicamente la propuesta. Días antes había explicado que el objetivo era multiplicar los recursos destinados a las federaciones nacionales. Según detalló, cada asociación pasaría de recibir 8 millones de dólares por ciclo a 20 millones a partir de 2027, lo que representaba un incremento del 150% en los fondos de desarrollo.
Mientras tanto, la Conmebol optó por una posición más prudente. La entidad sudamericana informó que solicitó información adicional sobre el alcance del proyecto y convocó a una reunión de su Consejo para evaluar la propuesta antes de adoptar una postura definitiva.
La realidad política, sin embargo, terminó inclinando la balanza. Para aprobar el FIFA Forward Enterprise, Infantino necesitaba al menos 106 votos favorables entre las 211 federaciones afiliadas a la FIFA. No obstante, solo la UEFA, la Concacaf y la AFC reúnen 136 asociaciones, una mayoría suficiente para bloquear cualquier intento de implementación.
Con ese escenario, el presidente de la FIFA optó por retirar la iniciativa y evitar una fractura institucional sin precedentes. Ahora, la entidad buscará construir un nuevo esquema de financiamiento y desarrollo que cuente con el respaldo de todas las regiones y preserve la unidad del fútbol internacional.