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21 de agosto 2026 - 11:58
Alertan por 73 robos al día de "mecheras" en los comercios

El robo hormiga golpea fuerte en negocios: hay bandas que sustraen mercadería para revender y también personas que roban alimentos para consumo. La cifra negra oculta buena parte de los casos.

El fenómeno de las mecheras ya no se trata solamente de mujeres que ingresan a un local comercial, esconden productos entre sus pertenencias y salen en pocos minutos. Detrás del robo hormiga conviven distintas realidades: mientras hay bandas organizadas que sustraen mercadería para revenderla, trabajando de manera coordinada, también crecen los casos de personas que se llevan alimentos u otros productos básicos para consumo propio. En el ámbito de la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires se denuncian 73 casos diarios.

La diferencia entre ambas modalidades es importante. Porque mientras en un caso existe un circuito delictivo montado alrededor de la reventa, en el otro aparece una dimensión social que no puede ignorarse: crecimiento de familias endeudadas, ingresos que no alcanzan, alimentos de alto costo y hogares que reducen su consumo para poder llegar a fin de mes.

En términos estadísticos, el Sistema Nacional de Información Criminal incluye los episodios de mecherismo dentro de la categoría general de hurtos (un 20% del total). Sobre ese universo, una estimación ubica el fenómeno en 73 hechos por día en los distritos de la Capital Federal y provincia de Buenos Aires.

Los informes privados permiten dimensionar la dimensión organizada del problema. Prosegur Security informó que el 64% de los hurtos registrados en el retail argentino es cometido por delincuentes multirreincidentes, una señal de que detrás de buena parte del robo comercial no hay improvisación sino personas que repiten sistemáticamente la modalidad.

La escena con las bandas se repite: dos o tres integrantes ingresan juntas, una distrae al empleado, otra selecciona la mercadería y una tercera controla el movimiento de cámaras y personal de seguridad. En locales de ropa aparecen prendas de primeras marcas; en perfumerías, cremas y cosméticos; en supermercados, alimentos y bebidas que pueden ocultarse fácilmente y luego venderse.

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Pero no todo termina en una publicación en redes sociales o en una feria informal. Comerciantes y trabajadores también describen episodios en los que el objetivo parece ser llevarse directamente comida u objetos de primera necesidad para consumir en el hogar. Son casos más difíciles de medir porque muchas veces el comerciante decide no hacer una denuncia formal por una cantidad pequeña de mercadería.

Ese comportamiento se produce en un contexto económico que tampoco admite una lectura sencilla. El INDEC informó que en julio de 2026 la Canasta Básica Alimentaria aumentó 37,4% interanual, mientras que la Canasta Básica Total subió 36,1%. El endeudamiento agrega otra presión. Una encuesta de UNICEF encontró que 31% de los hogares estaba endeudado y que la proporción llegaba al 45% al incorporar préstamos de aplicaciones, billeteras virtuales, comercios y familiares. El 70% de los hogares endeudados afirmó que las obligaciones con tarjetas de crédito superaban la mitad de sus ingresos. El mismo relevamiento detectó un aumento del uso de tarjetas para comprar alimentos. Estudios indican que más de 20 millones de personas tienen actualmente algún tipo de deuda con bancos, tarjetas, billeteras u otras entidades.

Los expertos afirman que un contexto económico adverso no explica por sí mismo el aumento del mecherismo (en más del 85% es cometido por mujeres) ni que todo robo de alimentos sea consecuencia de la necesidad, sin embargo en tiempos de crisis aumentan las estadísticas.

A eso se suma la cifra negra del delito. Los 73 episodios diarios corresponden a una estimación construida sobre los hechos que ingresan al sistema y no incluyen todos aquellos que jamás llegan a las fiscalías. En los comercios, muchos faltantes se absorben como "merma": una prenda, paquetes de alimentos, cosméticos o bebidas que desaparecen y cuyo valor no justifica, para el comerciante, el tiempo y el costo de iniciar una denuncia. Por eso el fenómeno real es necesariamente mayor que el que muestran las estadísticas. Lo que todavía no puede determinarse con precisión es cuánto mayor.

Entre el negocio organizado y delinquir para llevar comida a casa existe un territorio enorme y difícil de medir. En un extremo aparecen bandas reincidentes que convierten el hurto en una actividad rentable. En el otro, personas que llegan al comercio con una necesidad inmediata. En el medio el comerciante, que pierde en ambos casos.