Opina que la televisión suele enfermar a los que la protagonizan, pero dice que cree tener "los pies sobre la tierra".  La clave es que siempre entendió que lo que hacen en pantalla es simplemente trabajo

Sin medias tintas, el conductor de CQC analiza las consecuencias más nocivas que acarrea la fama y reflexiona acerca de los efectos que ocasiona trabajar en un medio de alta
exposición como la televisión.

A su juicio, ¿qué consecuencias ejerce la fama sobre la vida de las personas?

-Pueden ser positivas o negativas. En ciertas ocasiones, transforma la relación que el portador de la fama tiene con sus semejantes.

¿No todos se vinculan con la fama del mismo modo?

-Es cierto, pero muchos cambian cuando están frente a un famoso que admiran.

Usted ostenta una vida pública, ¿procesa de forma diferente lo que le sucede?

-Sin duda, aunque la popularidad no nos pega a todos del mismo modo. Además, no todos saben bien qué hacer con ella.

¿Es su caso?

-No. Yo creo tener puesto los pies sobre la tierra.

La televisión, ¿suele enfermar a quienes trabajan en ella?

-Es factible. Por mi parte, intento que me perturbe lo menos posible.

¿Cuándo tomó conciencia que el medio puede provocar daño físico?

-No lo sé puntualmente, pero siempre tuve la convicción de que lo que hago en la tele es un trabajo y que cuando mi tarea concluye, voy a mi casa y punto.

¿Con qué ojos observa los escándalos de la TV?

-Con los de espectador. Unos pocos me divierten, otros me dan vergüenza y la mayoría no merecen mi atención.

¿Es la televisión una máquina de picar carne?

-Sí, pero, en mayor o menor medida, uno siempre puede tomar la decisión de dejarse picar la carne por esa máquina.

Hacer pública la vida privada, ¿es el combustible más efi caz de la fama?

-No sé qué cosas ponen en juego los que hablan constantemente de su vida privada, pero en el medio, muchos personajes no hablan de otra cosa. Yo hablo muy poco de mi intimidad, pero a pesar de la resistencia que pueda tener al respecto, siempre hay que echar mano a elementos
de la vida privada para jugar a este juego. En todo caso, el juego pasa por saber qué decir y qué callar.

¿Quién impone los límites de la privacidad?

-Es una cuestión personal. Uno se deja invadir hasta dónde desea.

¿Siempre?

-No. A veces invaden más de lo que uno pretende.

En su actividad, ¿prevalece la gente talentosa?

-Muchos son puestos por acomodo, pero no signi ca que no haya otros que se ganan su lugar a fuerza de talento y de trabajo.

¿Se siente amo de su trabajo?

-Cuento con la ventaja que nadie controla lo que digo. Desde esa óptica, soy amo pero, por otro lado, soy esclavo porque estoy en un lugar desde el cual es diícil bajarse.

La libertad de prensa, ¿existe?

-Hoy la libertad de expresión es más fácil de hallar en los medios alternativos, con las consecuencias que eso acarrea. Uno en su blog puede escribir lo que se le ocurra pero, en generalneral, el alcance es mínimo. Hoy se cargan mucho las tintas sobre la batalla
discursiva, pero ganar la batalla de las palabras no resuelve los problemas de fondo.

¿El periodismo sólo debe contar lo que sucede?

-El periodismo puede solucionar ciertos problemas, pero no es su función. No cometamos el grave error de exigirle al periodismo que juegue el rol que deben jugar las instituciones.

En lo profesional, ¿a qué le dice que no?

-A hablar de ciertos aspectos íntimos y a opinar sobre temas que no manejo.

¿Uno es hacedor de su propio programa?

-No. Lo que sale al aire es fruto del laburo en equipo. Los que ponemos la cara marcamos, con nuestra impronta, lo que no significa que el programa esté de nido por la cara que se ve en pantalla.

Sergio Pjaseczny




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