El entrenador campeón del mundo agudiza su mirada y su análisis sobre el capitán de Argentina en el Mundial 78 y lo colma de elogios, calificándolo como el defensor más extraordinario que vio en su vida, superando a cualquier competidor

El pasado 29 de junio, en el marco de un diálogo sobre los efectos y consecuencias del Mundial 78 y de la dictadura cívico-militar que también acompañó la consagración de Brasil en México 70, César Luis Menotti nos dejó en la web de DIARIO POPULAR una frase sumamente elogiosa sobre Daniel Passarella que despertó muchas curiosidades e intentos de la patria mediática para que el entrenador profundizara esta observación que hace poco más de un mes nos brindó.

Decía Menotti lo que ahora reproducimos: “Federico Sacchi, con el que jugué en Racing y Boca, fue un defensor excelente. Para mí, mejor que Perfumo. Junto con Passarella fueron los dos mejores centrales que vi. Claro que Daniel fue un jugador completo y extraordinario al que yo pongo por arriba de Beckenbauer”. Esa calificación de Menotti sobre las capacidades superlativas de Passarella merecía una ampliación por parte del técnico campeón del mundo. Una ampliación que ahora ofrece.

-Algunos sectores de la prensa da toda la sensación que se sorprendieron con tus palabras.

No lo sé. Lo que sí sé es que Passarella fue superior a ese gran jugador que fue Franz Beckenbauer. Y fue superior en las dos áreas. En la que defendía y en la que atacaba. Ojo, no desconozco en absoluto lo que fue y significó Beckenbauer primero jugando como volante y después como hombre libre manejando la línea de fondo de la selección alemana. Yo disfruté de su calidad, de su jerarquía. Pero no tengo dudas que Passarella fue el mejor defensor que vi en mi vida. Y por otra parte fue más completo que Beckenbauer.

-¿Solo por su influencia en las dos áreas?

Por todo. Beckenbauer no tenía el gol que siempre tuvo Daniel. Beckenbauer no hizo la cantidad goles que convirtió Passarella. Golazos extraordinarios en todos los lugares donde jugó. En la Argentina, en la Selección, en Italia. Un verdadero fenómeno. Con una pegada que hasta se la envidiaban los mejores jugadores del mundo. Le pegaba con un fierro, pero si tenía que colocarla suave al palo más lejano del arquero, también lo hacía. Y ni hablar del cabezazo. Era terrible cuando iba arriba. No perdía nunca. Ni defendiendo ni atacando. Creo que en este punto, el del cabezazo, puede estar mano a mano con el Negro Pelé. Y mirá que Pelé no paraba de subir y subir para encontrarse con la pelota, como lo hizo por ejemplo en aquel golazo ante Italia en México 70.

-¿Y defendiendo los espacios?

Fue mejor Daniel. Beckenbauer era fino, elegante. Passarella quizás no era tan fino ni elegante, pero en el uno contra uno fue incomparable. Hasta despertaba temor por la presencia que tenía. Y por todo lo que ponía adentro de la cancha. Porque siempre me quedó la impresión que nunca se guardó nada. Ni en los entrenamientos, que incluso había varios compañeros que preferían no tenerlo enfrente porque le temían, ni en los amistosos. Dejaba todo. Pero todo. Y sin levantar la voz, a pesar de su liderazgo.

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-Un capitán que no levanta la voz parece extraño.

Él era así. No necesitaba gritar ni pelearse con los rivales para imponer ciertas condiciones. Nada de eso. No sobreactuaba su liderazgo. Jugaba como si cada partido fuera la final del mundo. Pero casi en silencio, salvo en situaciones muy marcadas. Porque tenía el partido en la cabeza con un nivel de responsabilidad y compromiso muy difícil de igualar.

-¿Fue algo así como tu lugarteniente en la Selección?

Sí, sin dudas. Él escuchaba con muchísima atención todo lo que se planteaba en términos de juego y hasta en términos de disciplina grupal. Y voy a contar una anécdota que está orientada en esa dirección. Cuando en el 79 jugamos en Berna frente a Holanda aquel partido durísimo que terminó 0-0 y que lo ganamos en la definición por penales, estábamos regresando en el micro para el hotel y le digo al Profe Pizzarotti que le comunique a Passarella, que era el capitán, que el plantel iba a tener unas horas libres por la noche para distenderse. Al instante me llama Daniel y me dice: “César, creo que sería mejor que no salgamos, que nos quedemos en el hotel, porque en unos días está por delante el partido frente a Italia (terminó 2-2) en Roma, tenemos que viajar, descansar y prepararnos bien”. Y eso hicimos. Daniel también estaba muy atento a esas circunstancias. Por eso yo lo bauticé el gran capitán. Por estar totalmente comprometido con todos los hechos que pudiera generar la Selección. Incluso antes de que arranquen los partidos. Como, por ejemplo, ocurrió en la final contra Holanda.

-¿Con el yeso de René Van der Kerkhof?

Sí. Como producto de la lesión que sufrió frente a Francia, nosotros no pudimos contar ante Italia con Luque porque tenía que jugar con el brazo algo recogido por un vendaje muy sólido que iba a ser revisado por el árbitro. Y no lo incluimos. Cuando el holandés sale a la cancha a jugar la final con una especie de yeso o algo parecido en la muñeca y el antebrazo, le aviso a Daniel que ya se había dado cuenta y él interviene directamente pidiéndole al árbitro (el italiano Sergio Gonella) que así no podía empezar el partido porque era peligroso. Y no empezó. Entre idas y vueltas, la demora no sé si no alcanzó los quince minutos. ¿Qué quiero decir con esto? Que Passarella estaba en todas. Que no se le escapaba ninguna. Porque también sabía manejarse con los árbitros, con los climas de los partidos, con los escenarios, con los contextos. Y por si fuera poco, todo lo que jugaba. Y lo que influía en los nuestros y en los adversarios.

-¿Hace mucho que no hablas con él?

Sí, hace mucho. Siempre fue un gusto hablar con Daniel, aunque no seamos amigos. Su labor como entrenador y como presidente de River nunca fueron el centro de mi atención. Yo sobre todo lo valoro como aquel futbolista impresionante que fue. Y eso es imposible que pueda olvidarlo.

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