El uruguayo le contó a POPULAR las intimidades de su recuperación y las ganas que le puso para "callar a todos los que parecían haber estudiado medicina". Así, pasó de estar al borde del retiro a ilusionarse con levantar la Libertadores y que le renueven el contrato para terminar su carrera en River

Hace pocos días se cumplió un año. Fue el 14 de mayo de 2017. River le ganaba a Boca en la Bombonera por 3 a 1 en un partido inolvidable. Aquella alegría inmensa iba a dejar encapsulada una tristeza: la lesión de Rodrigo Mora. El uruguayo había entrado promediando la segunda parte y tuvo alguna chance de anotar, pero no estaba bien de la cintura. Repetía la historia: mientras todos hablaban el idioma de la felicidad, él escuchaba diagnósticos médicos. La pubialgia no se iba y entonces se fue a los Estados Unidos a realizarse estudios. Los resultados fueron malos.

Mora tenía un infarto en el fémur y debía someterse a una complicada operación de cadera que podía alejarlo del fútbol profesional. Los 154 partidos, los 38 goles y los 6 títulos que había conseguido con la banda hasta ese momento podían convertirse en un recuerdo. “Yo no dejo nada en el camino”, dijo, y todo lo que estuvo en sus manos lo hizo con la obediencia y la paciencia de un religioso hindú.

Un año después del comienzo de una situación que lo cambiaría todo, Mora le cuenta a POPULAR los entretelones de su recuperación, el sentido de la vida luego de la operación, su relación con las muletas y, sobre todo, sus sueños de saber que el “ser todo lo puede”.

—La lesión te convirtió en otra persona. Se te muy diferente.

—Tal vez, puede ser. Antes no disfrutaba y no veía las cosas. Más allá de que fue una lesión muy dura, ya pasó y pude lograr el objetivo de terminar la Superliga jugando, algo que no sabía si iba a pasar cuando arrancó el año.

—Hablás de objetivos. ¿Eso te moviliza más allá de la recuperación?

—Yo sé que la lesión no está un cien por cien recuperada y que hay que seguir trabajando. Es un proceso. Antes por ahí me quedaba pateando un montón y ahora me cuido y voy midiendo. Por suerte no hay dolor y puedo pensar en cosas de acá en adelante. En lo personal me propongo seguir estando acá en este club, renovar el contrato y poder retirarme acá en River porque me siento identificado y siento que soy parte de su historia grande, me siento como en mi casa.

—¿Qué cosas te cambiaron en la vida luego de lo que te pasó?

—No sé si me cambió la vida. Sí me di cuenta de que ahora valoro todo lo que voy viviendo y les presto atención a cosas que antes no miraba; hoy puedo decirte que lucho por mis sueños. Soy feliz entrando a la cancha, viniendo a entrenar, concentrando. Antes por ahí venía y me iba así nomás, sin disfrutar de esto, que es algo maravilloso porque es lo que nos gusta.

—¿Y qué era lo que antes no te dejaba disfrutar?

—Nada puntual, cualquier cosa que por ahí pasaba hacía que me fuera fastidioso a casa, enojado y de mal humor. Ahora todo me hace feliz. Me acuerdo que me decían que había que concentrar dos días y no me gustaba. Ahora me dicen dos días y digo ‘qué me importa, que sean más’. Nunca sabés cuándo se acaba todo.

—¿Pensás que pudiste no haber tenido esta chance de ver todo desde otro lugar si no volvías a jugar?

—Muchos pensaron que no podía volver a jugar, incluso yo mismo en algún momento sentí lo mismo y me preguntaba qué puede ser de mí si no juego más al fútbol. Pero acá estoy, pude dar vuelta todo, decir que soy jugador de fútbol y que amo lo que hago.

—¿Sos feliz porque pudiste volver a jugar o porque descubriste que podías ver la vida de otro modo?

—Por todo, y todo es una enseñanza. A mí me sirvió para valorar todo y cada minuto, hubo gente que parecían especialistas médicos, que habían estudiado y me habían sacado de la cancha. Me propuse callar a toda esa gente y convertir en positivismo toda esa mala onda. Cuando el ser se propone algo y quiere algo, lo consigue. Hay que luchar por los sueños y no hay que ponerle excusas a la vida. Yo cada día que me levantaba decía ‘yo puedo, yo puedo’, y fueron muchos meses de no perder la fe.

—¿Cómo hacías para no pensar cosas negativas sabiendo que por ahí la medicina no conseguía curarte?

—Yo iba a hacer de mi parte todo y no iba a bajonearme aunque estuviera hecho mierda y con muletas durante 3 meses. Lo que a mí me tocaba hacer, lo hice, al pie de la letra y con alegría.

—¿Qué hiciste con las muletas?

—Están en el club, las tengo que buscar, son algo muy especial para mí y algo tengo que hacer, porque fueron mi mejor compañía en esos tiempos. Ojalá que podamos salir campeones de la Libertadores, porque será también agradecerles a todos los que estuvieron juntos, va a ser un orgullo personal muy grande. Y sí, a las muletas también (risas).

—¿Recordás con buen humor a esas muletas?

—Al principio era un dolor de cabeza, porque no podía levantar ni un plato de la cocina. Después ya era mi mejor amigo, la tenía en la cama conmigo, para ir al baño hacía dos metros y la muleta estaba conmigo. Siempre con alegría, porque sabía que me iba a ayudar.

—Hay gente que debe usarlas toda la vida.

—Claro, a cada rato lo pensaba y recordaba la cantidad de personas que vi con muletas y por ahí no les das ni bola. O que usan la muleta como pierna, porque no la tienen. ¿Sabés el valor que les di a las cosas y a la vida después de eso? Somos privilegiados y hay que disfrutar, ojalá todo el mundo lo haga.

—¿De cuántas pavadas te preocupabas antes y ahora decís ‘mirá qué manera de perder el tiempo’?

—De muchísimas, pero la lesión me abrió la cabeza y me fortaleció en muchos aspectos de la vida, porque es duro estar 90 días con muletas pero cuando ves a esos chicos que a veces vienen a pedirte un autógrafo en muletas y decís ‘soy un privilegiado, tengo que disfrutar’.

—¿River fue el mejor lugar para recuperarte?

—Sí, porque cuando me reincorporé sentí el amor, el apoyo y el cariño de toda la gente, de los hinchas, de mis compañeros, del cuerpo técnico… Toda esa etapa la disfruté y la sigo disfrutando, porque como dije, esta es mi casa.

—¿Qué te pasó cuando te tocó ir a la pretemporada de nuevo?

—Estaba como si fuera la primera, como los chicos que están por debutar, y sin saber si iba a poder entrenar a la par del resto. Pero de a poco me fui dando cuenta de que no me dolía nada, de que podía correr y patear. Cuando jugué esos minutos ante Huracán no lo podía creer. Fue como empezar de nuevo.

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Y seguimos #RiverPlate #Pretemporada2018 ⚪️♥️⚪️

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