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22 de septiembre 2026 - 13:52
Murió Tulio Crespi: el constructor que marcó al automovilismo argentino y llegó a Netflix con Senna

El histórico referente de los fierros nacionales tenía 88 años y acumulaba más de seis décadas dedicadas al diseño y fabricación de autos de competición.

La historia del automovilismo argentino perdió a uno de sus nombres más reconocidos: Tulio Crespi murió a los 88 años, después de una vida entera vinculada a las carreras, el diseño y la construcción artesanal de vehículos.

Su legado quedó plasmado en creaciones como el Tulia 1 y el Petiso-Torino, además de los miles de autos que fueron fabricados en su establecimiento de Balcarce. Su trayectoria también alcanzó la pantalla internacional con su presencia en la serie Senna, de Netflix.

Ese vehículo fue bautizado Tulia 1 y no solo representó el inicio de una etapa fundamental en su carrera, sino que también le permitió estrenarse como piloto. El 22 de marzo de 1963 debutó en el entonces Autódromo General San Martín y ganó la carrera con el auto que había construido en su propio taller.

Con el paso del tiempo, sus diseños se multiplicaron y llegaron a diferentes categorías del ámbito nacional. Una de las más importantes fue la Fórmula Renault, donde los chasis de la marca acompañaron a varias generaciones de corredores.

Entre sus trabajos más particulares apareció el Petiso, una creación que nació a partir de un Torino de Turismo Carretera que había sufrido un fuerte accidente en 1967. El auto de Nasif Estéfano llegó prácticamente destruido a su taller, pero en lugar de reconstruirlo de manera convencional, decidió modificarlo por completo.

La carrocería fue recortada, rebajada y transformada en su sector superior, hasta obtener una silueta muy distinta de la original. De aquella experiencia surgieron luego los modelos de calle Tulia GT y Tulieta GT, mientras que el alcance de sus proyectos llegó incluso al Salón del Automóvil de París de 1976.

Durante los años 80, y a partir de una recomendación de Juan Manuel Fangio, trasladó su actividad a Balcarce. Allí levantó sobre la Ruta 226 la fábrica donde continuó desarrollando chasis, monopostos y distintos vehículos de competición junto a su familia.

Sus hijos se incorporaron al proyecto y mantuvieron activa la empresa. Para 2024, la familia contabilizaba más de 2.000 autos construidos por Crespi Competición, con presencia en categorías como Turismo Carretera, TC2000 y diferentes divisiones de monopostos.

Uno de sus trabajos más reconocidos nació a partir de un accidente. En 1967, el Torino de Turismo Carretera de Nasif Estéfano llegó prácticamente destruido a su taller. En lugar de reconstruirlo de manera convencional, Crespi modificó por completo su fisonomía, con una carrocería más baja y corta y un techo con distinta caída. Así nació el recordado Petiso.

La evolución de ese concepto desembocó en los modelos de calle Tulia GT y Tulieta GT, mientras que su trabajo también cruzó las fronteras. En 1976 llevó sus creaciones al Salón del Automóvil de París, una muestra del alcance que habían adquirido sus diseños.

Durante los años 80, por recomendación de Juan Manuel Fangio, trasladó su actividad a Balcarce. Allí levantó sobre la Ruta 226 la fábrica que se transformaría en la base de Crespi Competición. Con el paso del tiempo, sus hijos también se sumaron al proyecto familiar y participaron de la fabricación, el diseño y la gestión.

Según el registro de la familia, para 2024 ya se habían construido más de 2.000 autos. La última gran aventura tuvo alcance internacional: desde Balcarce, Crespi y sus hijos participaron en la fabricación de los vehículos utilizados en “Senna”, la serie de Netflix sobre el campeón brasileño.

Para la producción realizaron 22 réplicas de autos utilizados por Senna y sus principales rivales, correspondientes a distintas etapas de su trayectoria, desde la Fórmula Ford hasta la Fórmula 1. El trabajo incluyó chasis a escala real, además de sistemas mecánicos, suspensiones, frenos y motores aptos para las filmaciones.

En una carta escrita antes de su muerte, Crespi dejó un pedido sobre cómo quería ser recordado: “un laburante del fierro”. También dedicó palabras de agradecimiento a su familia, sus trabajadores, proveedores y pilotos, las personas que lo acompañaron durante una vida entera alrededor de los autos.

La carta que dejó Tulio Crespi antes de morir

"Si están leyendo esto, es porque me tocó largar mi última carrera.

Quiero que sepan que me voy en paz, tranquilo, después de pelearla como pude con esta enfermedad que me tocó al final del camino. Pero no quiero que hablen de eso. No quiero que me recuerden por cómo me fui, sino por cómo viví.

Viví 88 años haciendo exactamente lo que amé. ¿Cuánta gente puede decir eso?

Nací prácticamente en Chacarita con un martillo en la mano. Fui creciendo, laburando, aprendiendo de los fierros, y con mucho sacrificio me fui a Balcarce a hacer mi vida y mi historia. Ahí construí todo lo que soñé de pibe.

Gracias.

Gracias a mi familia, que me bancó siempre. Que me perdonó las horas en el taller, la grasa en las manos, los domingos en el autódromo en vez de en casa. Sin ustedes, nada de lo que hice hubiera tenido sentido. Ustedes fueron mi verdadero campeonato.

Gracias a mi equipo de trabajo, a mis empleados y a mis proveedores, que juntos creamos las primeras piezas únicas de un auto de competición. Cada chasis, cada soldadura, cada pieza hecha a mano lleva el esfuerzo de todos. Nada lo hice solo.

Gracias a todos los pilotos que confiaron en mí. A los que se subieron a un Crespi sin saber si iban a llegar, pero con la ilusión intacta. Cada triunfo suyo fue mi triunfo.

Gracias al ambiente del automovilismo. A los mecánicos, a los chapistas, a los rivales que fueron amigos, a los que me enseñaron cuando yo no sabía nada y a los chicos que hoy venían a preguntar. Yo nunca me creí más que nadie. Fui un laburante del fierro, un artesano que tuvo la suerte de convertir su pasión en su trabajo.

No estén tristes por mí. Sigan haciendo ruido. Sigan armando autos en talleres chiquitos pensando que pueden ganarle a los grandes, porque yo pude y lo hice.

Dejo mi fábrica en manos de mis hijos para continuar mi legado. Queda todo ahí, para que siga girando.

Gracias por estos ochenta y ocho años de confianza. ¡Viva la vida, vamos que se puede!

Gracias, gracias, gracias".