Una fractura lo privó de estar en la Copa América de Brasil, pero su regreso a las canchas lo encontró en un nivel estupendo que combinó su soltura, su dinámica y un juego que River y la Selección están aprovechando.

“Es una lástima que por encontrarse lesionado el pibe Palacios no pueda estar ahora con la Selección en la Copa América. Creo que él podría aportarle al equipo cierta profundidad y cambio de ritmo”. Las palabras del Director de selecciones nacionales, César Luis Menotti, las recogimos mientras Argentina disputaba hace poco más de dos meses la Copa América en Brasil.

Hacía referencia el Flaco Menotti a las potencialidades de Exequiel Palacios. Es cierto, el jugador de River que parecía tener su destino en el Real Madrid y en virtud de la fractura que padeció en el peroné derecho (consecuencia de un planchazo muy violento de Darío Cvitanich el 10 de febrero del corriente año, en ocasión del triunfo de River por 2-0 a Racing), la operación se cayó, tiene apenas 20 años y obliga a ser prudente.

Pero la prudencia para no regalarle elogios desmesurados, no puede ocultar lo que se ve. Y lo que deja ver Palacios es el juego que registra. El fútbol, en definitiva, que está en condiciones de ofrecer como un volante (o un interior más cerrado o más abierto) con una dinámica y un ritmo ofensivo poco frecuentado.

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Deja la sensación Palacios que se deslizara por la cancha sin someterse ni exigirse a grandes esfuerzos físicos. Como si a favor de su soltura pudiera incorporar una armonía de movimientos naturalizada. Y un ida y vuelta generoso y productivo para progresar en ataque y luego regresar y colaborar en la recuperación efectiva de la pelota. O por lo menos en el inicio de esa búsqueda.

Esa frescura que muestra para transitar con una buena interpretación del juego por la amplia geografía del campo da pie para hacer una consideración: no corre por correr. No corre sin entender para qué y porque corre. Por supuesto no estamos planteando que sepa todo. O que sepa casi todo. Planteamos que juega con criterio colectivo. Con concepto colectivo, seguramente también fruto del funcionamiento que acredita este River que conduce Marcelo Gallardo desde hace cinco años.

Ahí se distingue Palacios. Como también se distinguió en el triunfo reciente de la Selección por 4-0 a México en Estados Unidos. Haciendo fácil lo difícil. Haciendo simple lo complejo. Que entre otras cosas es la habilitación precisa y filosa. Es el pase con la combinación perfecta del tiempo y el espacio para quebrar a cualquier defensa. Y también es el pique vacío marcándole a un compañero donde tiene que ir dirigida la pelota.

Proporciones muy significativas de todo esto tuvo ese formidable jugador que fue Jorge Burruchaga, apareciendo libre por cualquier sector. Lo que siempre despertó por parte de Bochini un elogio no muy usual del genial diez de Independiente: “Burru me facilitaba el pase porque tenía una gran movilidad para descubrir y encontrar los espacios y después con la pelota sabía resolver”.

Más cerca en el tiempo, en su mejor momento en Independiente, Maximiliano Meza (desde diciembre de 2018 en el Monterrey de México) pareció expresar algunas virtudes que Burruchaga denunció en su prolongada carrera. En especial, su intención de ser un volante que entra en escena sin preanunciar una participación ofensiva desequilibrante. Pero lo hacía. Y se convirtió en una presencia muy influyente del equipo que dirigía Ariel Holan. Así llegó a la Selección de Jorge Sampaoli y actuó en Rusia 2018, aunque no se destacó, como en realidad no se destacó nadie, salvo algunos destellos del Kun Agüero.

Palacios entra en esos contenidos. En la del jugador que no se apropia de zonas muy específicas de la cancha. Que juega y se mueve con facilidad con y sin la pelota. Cuando no la tiene va liviano y sin equipaje. Y cuando la tiene también parece ir liviano y sin equipaje. Con un aire casi despojado. Por eso sorprende y desestabiliza. Porque llega. No está ahí. Llega. Para descargar, tirar una pared o meter una pelota vertical.

Que tiene que seguir creciendo, es indiscutible. Que a veces debería alternar aceleración y pausa, también. Pero recién anda por los 20 años. Y le sobra tiempo tanto aquí como en el exterior, en el caso que en el futuro inmediato se concrete una transferencia. Lo esencial, lo acompaña. Y lo esencial es la calidad de su juego.

Para River, Palacios es un protagonista muy valioso. En la Selección está en camino para armar en el medio junto a Leandro Paredes y Rodrigo De Paul una estructura con fútbol y relieve estratégico para enriquecer un funcionamiento que ya comenzó a revelarse. En estos escenarios, su perfil actual anticipa mejores versiones. Habrá que ver si las confirma.

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