El astro del Barça estará en condiciones de regresar a vestir la camiseta argentina en la próxima doble fecha FIFA en noviembre y su presencia despierta preguntas de manual, respecto al escenario futbolístico con que se va a encontrar y a su capacidad de adaptación a un equipo con buen juego y funcionamiento.

Mientras la Selección que conduce Lionel Scaloni va dejando señales muy positivas que se confirmaron en los recientes cruces frente a Alemania (2-2) y Ecuador (6-1), en la próxima doble fecha FIFA a mediados de noviembre (uno de los adversarios será Brasil en Arabia Saudita y el otro Paraguay o Uruguay en Bangladesh), Lionel Messi estará en condiciones reglamentarias para volver a vestir la camiseta argentina luego de tres meses de suspensión.

¿Tiene más para perder o para ganar, Messi? La pregunta es de cajón. O de manual. Pero es un interrogante que no puede ocultarse. Está ahí. Flotando en el ambiente del fútbol argentino. La razón es sencilla, aunque en el fútbol lo sencillo siempre termina siendo complejo: la Selección juega bien sin Messi. Y cuando estuvo Messi en la Copa América en Brasil, su rendimiento fue discreto, salvo en la derrota en semifinales por 2-0 ante Brasil cuando su producción sin ser descollante, estuvo algo más próxima a lo que se espera de él.

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Lo que se había instalado desde hace no pocos años es que Messi casi siempre se había encontrado con selecciones nacionales despojadas de una idea y de un funcionamiento. Y que su presencia bajo esas circunstancias más o menos adversas le imponía obligaciones de rescatar al equipo con grandes apariciones individuales, en virtud de las debilidades colectivas. Se afirmaba en un marco de gran consenso periodístico que él tendría que ser la frutilla de un postre ya decorado. Y no una especie de genio desamparado, capaz de dar vuelta al equipo como una media.

Ahora, en cambio, la Selección, aún sin Messi, denuncia un perfil. Y hasta lograr expresar cierto funcionamiento, porque se adivina una estructura que Scaloni identificó como una base integrada por Tagliafico, Acuña, Paredes, De Paul, Lautarao Martínez y Dybala, al que hay que sumarle a los arqueros Andrada o Armani. No mencionó a Messi porque lo incorpora de manera radical a esa lista.

Por lo que viene manifestando la Selección, no parece que Messi tenga que cargarse el equipo al hombro y padecer esa responsabilidad que en muchísimas oportunidades lo ha superado. El equipo ya reveló buenos rendimientos sin el astro del Barcelona. Como si hubiera encontrado en el respaldo colectivo un argumento clave para ir ratificando un rumbo que le permite continuar creciendo.

Esta buena actualidad de la Selección le abre, entonces, otras expectativas al probable regreso de Messi. ¿Por qué? Porque el equipo no está necesitando un clásico salvador que lo rescate de un naufragio. El plantel, en todo caso, va a recibir a un gran jugador para sumarlo a una idea con rasgos futbolísticos constituidos.

Messi tendría que enriquecerlos. Porque ya están en marcha. Y no crearlos. El riesgo es el que cualquiera que frecuente el fenómeno del fútbol puede percibir: es si logra darle o no un salto de calidad inobjetable a la Selección. Si lo da, perfecto. Si no lo da, el problema solo va a alcanzar a Messi. Porque ahora existe un funcionamiento en plena etapa de expansión.

El otro episodio, es que Messi nunca es un jugador más. Ni para los eventuales rivales que lo enfrentan ni para los compañeros de equipo. Aunque su naturaleza y su personalidad no comulgan con los liderazgos, aun sin que él lo pretenda, el ambiente lo resignifica en un líder. Y un líder puede potenciar virtudes del resto y aunque no sea su deseo, puede recortar iniciativas. Para ser lo más claro posible: mirar demasiado a Messi dentro de la cancha y pasarle la pelota hasta en situaciones que no lo aconsejan, en el marco de la dimensión de su figura.

En este punto, también se va a calibrar la inteligencia práctica de Messi para acomodarse y adaptarse a un equipo que durante su ausencia ya fue relevando sus contenidos. Porque una cosa es llegar a un equipo en caída libre. Y otra muy distinta es llegar a un equipo que está jugando bien, o muy bien como por ejemplo lo hizo en el segundo tiempo ante Alemania o en la totalidad del partido frente a Ecuador.

Las demandas, por supuesto, son diferentes. Y las expectativas también son diferentes. Messi regresaría a la Selección como aquella frutilla del postre que antes invocamos. Si tiene mucho para perder o para ganar, está incógnita se irá revelando sobre la marcha.

Lo evidente es que ahora tiene algo que hace un tiempo no tenía: una nueva Selección que se respalda en el juego colectivo. No espectacular. No extraordinario. Pero sí valioso. La respuesta de Messi está por verse

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