Los misiles indios dejaron un saldo de 8 muertos en Pakistán.
El Ministerio de Defensa de esa nación señaló que en las últimas horas fueron alcanzadas nueve instalaciones vinculadas a grupos terroristas, sin afectar ninguna infraestructura militar paquistaní y afirmó que la acción fue “quirúrgica, calibrada y sin intención de escalar”.
En respuesta a los bombardeos, el ejército paquistaní aseguró haber derribado cinco aviones de combate indios y varios drones, una versión desmentida por Nueva Delhi, que no reconoció ninguna pérdida material ni humana. El ministro de Información pakistaní, Ataulá Tarar, declaró que su país está “completamente preparado” y que India ya ha recibido “una respuesta inmediata y firme”.
La palabra de los líderes de Pakistán
El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, condenó el operativo como un “acto de agresión atroz e injustificado” y advirtió que “no quedará impune”. A través de su cuenta en X, el jefe de gobierno afirmó: “Pakistán se reserva el derecho absoluto de responder con decisión. Nuestra moral y determinación se mantienen inquebrantables”. Convocó al Consejo de Seguridad Nacional y pidió a la población mantenerse unida detrás de las Fuerzas Armadas.
El presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari, también se pronunció en términos similares. “La provocación india será contrarrestada con toda la fuerza. Atacar zonas civiles constituye una clara violación del Derecho Internacional”, indicó a través en un comunicado, y acusó al gobierno de Narendra Modi de “poner en riesgo la paz regional para impulsar su agenda política interna”.
En tanto, la ministra principal de Punjab, Maryam Nawaz, declaró el estado de emergencia en la provincia y ordenó el cierre de todas las instituciones educativas, al tiempo que sostuvo que “defender cada centímetro de Pakistán es una cuestión de fe”.
El contexto internacional sigue de cerca la situación. Naciones Unidas, Estados Unidos y China ya instadaron a ambas partes a mantener abiertas las líneas de comunicación y evitar una escalada mayor. Sin embargo, el riesgo de un nuevo enfrentamiento directo entre dos potencias nucleares vuelve a instalarse como una amenaza real en el sur de Asia.