El 30 de octubre de 1998 ardió un local en Suecia en el que murieron 63 personas. Diecisiete años después, en Rumania, otra desgracia causó la muerte de 64 jóvenes

El 30 de diciembre año 2004, el boliche República de Cromañón se incendió durante un recital de la banda Callejeros y a raíz de este hecho murieron 194 jóvenes, en tanto que otros 1432 resultaron heridos.

Esta tragedia, marcó el final de una época de desidia, corrupción y falta de control en la Ciudad de Buenos Aires; y la caída del entonces jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra. Sin embargo, no significó la erradicación de los episodios de este tipo, que se repitieron en los años siguientes en locales como Beara (2010) o en la concesionaria de autos ubicada en General Paz y San Martín, en barrio de Villa Devoto en 2017 que se derrumbó sobre la acera por el pesos de los automóviles en exhibición.

Sin embargo, la Tragedia de Cromañón tuvo un antecedente en Europa, ocurrido nada menos que en Suecia en 1998; que a su vez sirvió de predestinación de otra calamidad que ocurriría 17 años más tarde en el mismo continente, en la misma fecha y con casi la misma cantidad de víctimas.

El 30 de octubre de 1998, en plena celebración de Halloween, una discoteca de la Asociación Macedonia, ubicada en la ciudad de Gotemburgo se incendió por “causas desconocidas” ocasionando la muerte de 63 personas y heridas graves a otras 190. La mayoría de ellos eran inmigrantes de entre 14 y 20 años. "La discoteca parecía la cámara de gas de Auschwitz, y era imposible contar el número de cadáveres", dijo en ese momento el jefe de las brigadas de rescate, Lennart Olin.

El siniestro afectó a la discoteca y a los locales aledaños y la policía recibió reportes de que las salidas de emergencia estaban clausuradas. Allí también ocurrió que no se respetaron las indicaciones de seguridad: en un local de 400 metros cuadrados, habilitado para 150 personas, había más de 400.

Otro dato que los investigadores debieron tener en cuenta era que en ese momento, Gotemburgo era un verdadero centro de refugiados somalíes, el grupo étnico con mayor cantidad de desempleados en Suecia, y sus integrantes eran discriminados en los restaurantes locales, un hecho que se repetía en la costa suroccidental de ese país, donde incluso se cometían crímenes de neto corte xenófobo.

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Finalmente, las autoridades determinaron que los factores que contribuyeron a la tragedia fueron la saturación de la capacidad del local, el almacenamiento de combustible en un pozo de la escalera y la ausencia de un sistema de alarmas de incendios en el edificio.

¿Una maldición?

El 30 de octubre de 2015, la ciudad de Bucarest (Rumania) se vio conmocionada por otro incendio de similares características. En el Club Colectiv se volvió a repetir la tragedia durante la presentación del último disco de la banda Goodbye to Gravity. Los números dejaron a todos con la boca abierta: 64 muertos (uno más que en Suecia) y 147 heridos.

Habían pasado nada menos que 17 años pero los problemas seguían siendo los mismos: el Colectiv no tenía permiso para contener a la cantidad de personas que había en su interior, no disponía de las salidas necesarias y los materiales utilizados en su construcción eran inadecuados.

El techo se prendió fuego a través de una columna rellena de espuma de poliuretano y en menos de dos minutos la sala se había convertido en “un infierno”. “Básicamente nos freímos. Yo intenté cubrirme con las manos la cara. Subí la cámara intentando protegerme el rostro. Perdí parte de la oreja, pero al menos todavía funciona… Se me asaron las manos. Sabía que tenía que agacharme pero me daba miedo que la gente me pasara por encima. En ese momento me di cuenta de que podíamos morir allí”, contó en su momento una de las víctimas, Mihai Grecea, que grabó la dantesca escena.

Incendio en la discoteca "Colectiv" en 2015

La fiscalía local abrió una investigación penal y e imputó a los tres propietarios del local. La palabra “corrupción” volvió a estar en los titulares de la prensa. Esa misma palabra que los medios creían que había alimentado las llamas del Colectiv, era la misma por la que Rumania estaba en la mira de la Unión Europea, que a nueve años de su ingreso en esa sociedad, le seguía reclamando que la erradique. La presión era tan grande que desde el año 2006 el país se encontraba bajo el mecanismo de verificación de objetivos de Bruselas.

Según los registros, Rumania era en ese momento, el país más corrupto de la Unión Europea en la lista de Transparencia Internacional 2015. A finales de 2014, se habían registrado más de 6.600 casos de corrupción.

No debemos tolerar más la incompetencia de las autoridades ni la ineficacia de las instituciones, y no podemos permitir que la corrupción se desarrolle hasta tal punto que termine por matar”, dijo en ese momento el presidente rumano, el conservador Klaus Iohannis, que le pidió la renuncia al Primer Ministro Victor Ponta.

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