El triunfo electoral en varias ciudades de Francia resaltan el crecimiento político de los partidos ecologistas, siendo clave, en medio de la pandemia de Coronavirus, tanto en el ámbito local, en el plano regional como en el tablero internacional

En medio de la pandemia de Coronavirus que sacude al mundo, la tendencia ecológica se acentúa en Europa. Por eso, mientras se discute una respuesta continental ligada a la protección del medio ambiente, centrada en un denominado Acuerdo Verde, la cúpula política corrobora esa lógica en las urnas, algo que puede significar un cimbronazo en el corto plazo en diferentes ámbitos, desde un esquema local hasta uno supranacional.

La muestra más contundente de esa idea se dio en Francia, donde se desarrollaron las elecciones municipales, con una victoria que se multiplicó en varios puntos del territorio para el partido Europa Ecológica Los Verdes, que se adjudicó, por caso, las ciudades de Burdeos y Lyon, dos de las más grandes del país, mientras que fue vital su labor en conjunto para mantener en el poder, en París, al partido Socialista, bajo la órbita de Anne Hidalgo.

Así, el presidente Emmanuel Macron, que recibió un duro golpe, pues su estructura La República en Marcha quedó relegada en los distintos comicios, tuvo que realizar un volantazo en su programa político y darle más espacio a la temática centrada en el respeto a la naturaleza. De hecho, apenas 24 horas después de la votación, lanzó un proyecto de inversión en el que se dispondrá de 15 mil millones de euros, a lo largo de 3 años, para generar una economía menos contaminante e, incluso, hasta aventuró un posible referéndum para modificar la constitución y propiciar objetivos favorables a evitar el cambio climático.

Por lo pronto, este terreno fértil para la "ola verde", si bien tuvo su punto clave en el país galo, atraviesa un auge desde el año pasado, con un crecimiento exponencial en la Unión Europea, ya que cuenta con más de 70 eurodiputados en el parlamento del bloque, siendo trascendentales los aportes de los países nórdicos y también del centro del Viejo Continente como Alemania.

¿Por qué la consolidación? En principio, las circunstancias. El colapso sanitario que se vivió hace unos meses, en el momento más delicado de la pandemia, hace mella en la opinión pública, especialmente en una juventud que considera que el gran impulso para la propagación de la enfermedad radica en la explotación medioambiental. Así, una tendencia que ya estaba en boga previamente, encontró en el drama actual un puntal vital para resaltar su argumento.

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Además, el otro criterio que facilitó su salto a escena está en la encrucijada política vigente. Es que, en su primera aparición con fuerza en Europa, el movimiento ecológico se plasmó a fines de los 90', y avanzó con un elemento claro en su plataforma: el cuidado del medioambiente. El crecimiento, sin embargo, se frenó poco después de 2008, con la crisis económica global, que derivó en un cambio de enfoque por parte del electorado, más proclive a pedir soluciones a un problema que consideraba más urgente, el desempleo y la pobreza en que se hundía.

El reflote, con una segunda oleada, se da desde hace pocos años cuando se añaden al programa verde algunas piezas progresistas asociadas a la integración continental y, especialmente, el guiño a la inmigración, justo cuando, en paralelo, se resaltan los discursos de euroescepticismo -con su exposición más cabal en el Brexit- y xenófobos.

Este último item fue el que permitió ganar adeptos desde el ala más a la izquierda del plano ideológico, en busca de contraponerse a gobiernos más conservadores que fueron minando la relevancia de la Unión Europea.

Esa visión europeista les brindó el plafón para sumar elementos a nivel continental. Pero también fueron trascendentales sus números para confeccionar alianzas políticas localmente y así evitar el advenimiento, por ejemplo, de la extrema derecha, como sucede en Austria, donde se alinearon con el Partido Popular de Sebastián Kurz, o en Irlanda, donde habilitaron el gobierno de coalición con los demócratas cristianos de Fine Gael y el centrista Fianna Fail.

Ahora bien, la lógica verde, que se cimentó en regiones menores y ganó fuerza, con el tiempo, en la UE, puede ser clave en un terreno mayor. ¿Por qué? A un año de sellar el acuerdo comercial con el Mercosur, y mientras se espera la revalidación por parte de los diferentes parlamentos, tanto a nivel europeo como de sus miembros de forma individual, entra a tallar la voz de los ecologistas. Y en mayor medida están en contra del vínculo, más que por razones financieras, por las críticas a un posible desgaste que se provoque al medioambiente.

La mirada se posa en Brasil, donde ya previo al Coronavirus se lanzaron quejas cuando se extendieron los incendios en el Amazonas, todo aprovechado, en la sombra, por el presidente Jair Bolsonaro para sumar terrenos de cultivos y también para encerrar aún más a las poblaciones autóctonas de la selva. Eso llevó, por caso, al propio Macron, de hecho hoy más presionado por la ola verde y el resultado electoral, a decir en aquel momento que ese perjuicio a la naturaleza no iba en sintonía con lo que se necesitaba de los gobiernos de ambos bloques, y se ponía en peligro la rúbrica.

El potencial de los ecologistas se evidencia y las circunstancias los favorecen, aunque habrá que aguardar por el devenir para saber si el mundo post pandemia los escucha como una solución o seguirá girando como hasta ahora.

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