Donald Trump y la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, se reunieron por primera vez en Nueva York, en el encuentro de más alto nivel entre los gobiernos de ambos países en más de once años.
Donald Trump y la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, se reunieron por primera vez en Nueva York, en el encuentro de más alto nivel entre los gobiernos de ambos países en más de once años.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, se reunieron este martes por primera vez en Nueva York, en el encuentro de más alto nivel entre los gobiernos de ambos países en más de once años y la imagen más significativa hasta ahora del rápido cambio experimentado por las relaciones entre Caracas y Washington durante 2026.
La reunión, celebrada en el hotel Lotte New York Palace durante una recepción ofrecida por Trump a líderes internacionales con motivo de la Asamblea General de Naciones Unidas, fue breve y se desarrolló a puerta cerrada. Junto a Trump participaron el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario del Tesoro, Scott Bessent; la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, y el subjefe de gabinete Stephen Miller.
Rodríguez aseguró posteriormente que ambos hablaron del fortalecimiento de la relación bilateral y de una agenda de cooperación en energía, minería y seguridad. También agradeció a Trump el respaldo estadounidense al proceso de reinserción de Venezuela en los espacios multilaterales y la ayuda prestada tras los terremotos del pasado 24 de junio.
El encuentro supone un giro de especial dimensión histórica para dos países cuyas relaciones estuvieron marcadas durante años por la confrontación política, las sanciones y la ruptura de los canales diplomáticos. El último contacto entre un presidente estadounidense y un gobernante venezolano se había producido en abril de 2015, cuando Barack Obama y Nicolás Maduro mantuvieron una breve conversación durante la Cumbre de las Américas de Panamá.
Pero el encuentro con Trump no constituye un episodio aislado. Forma parte de una agenda desarrollada por Rodríguez durante su primera visita a Estados Unidos como presidenta encargada y que está mostrando, en distintos escenarios, la progresiva reconstrucción de los vínculos internacionales de Venezuela.
La relación entre Caracas y Washington ha evolucionado con rapidez desde la operación estadounidense del 3 de enero que terminó con la captura y salida del poder de Nicolás Maduro y la posterior asunción de Rodríguez como presidenta encargada.
A finales de agosto, Estados Unidos anunció un acuerdo vinculado a 17 campos petroleros venezolanos con aproximadamente 65.000 millones de barriles de reservas probadas, cerca de una quinta parte de las reservas de crudo del país.
Según la Casa Blanca, el esquema otorga al Gobierno estadounidense importantes derechos económicos y de gobernanza vinculados a la compañía privada que explotará esos campos, además de derechos preferentes sobre parte de la producción. Washington calcula que el proyecto podría movilizar hasta 100.000 millones de dólares de inversión para ampliar la producción.
El Gobierno venezolano, por su parte, ha señalado que el desarrollo de esos campos podría generar más de 200.000 millones de dólares en impuestos y regalías para el Estado durante los primeros 25 años.
La dimensión del acuerdo convirtió la energía en uno de los pilares de la nueva relación bilateral. Este martes, ante Naciones Unidas, Trump volvió a destacar el entendimiento petrolero y afirmó que espera que las inversiones en la industria venezolana alcancen los 100.000 millones de dólares.
La reunión con Trump culminó dos jornadas en las que Rodríguez ha mantenido encuentros con algunos de los principales actores del sistema internacional.
Un día antes se reunió por separado con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva; el presidente del Grupo Banco Mundial, Ajay Banga; y el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Ilan Goldfajn.
El FMI anunció el 16 de abril que reanudaba formalmente sus relaciones con el Gobierno venezolano bajo la administración de Rodríguez después de siete años de suspensión por las disputas sobre el reconocimiento gubernamental. La decisión se produjo tras una consulta entre los miembros que representan la mayoría del poder de voto de la institución.
Ese mismo día, el Banco Mundial anunció también la reanudación de sus relaciones con Venezuela, interrumpidas desde 2019. Un mes después, una delegación del organismo viajó al país y ambas partes acordaron profundizar el diálogo e identificar áreas concretas de cooperación técnica.
El BID restableció posteriormente sus relaciones con Venezuela y reconoció a Calixto Ortega como gobernador del país ante la institución. Las reuniones celebradas ahora en Nueva York trasladaron ese proceso desde el terreno institucional hasta el máximo nivel político.
No se anunciaron nuevos créditos ni acuerdos financieros después de las reuniones. Su significado inmediato estuvo, sin embargo, en la interlocución que legitima al nuevo gobierno: Rodríguez sentada sucesivamente con los máximos responsables de las tres grandes instituciones financieras con las que Venezuela había permanecido durante años prácticamente desconectada.
La agenda incluyó además una reunión con el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, quien recibió oficialmente a Rodríguez en calidad de presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela.
Su presencia en Nueva York supone el regreso de un jefe de Estado venezolano a la Asamblea General después de ocho años. La última participación de Nicolás Maduro se produjo en 2018. Rodríguez tiene previsto intervenir este miércoles ante la 81.ª Asamblea General.
Durante la jornada mantuvo también un breve encuentro con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. Según el Gobierno español, ambos acordaron mantener abierto el contacto sobre Venezuela.
En paralelo a la apertura exterior, el Gobierno y sectores de la oposición mantienen desde agosto un proceso de diálogo auspiciado por Estados Unidos. Entre los últimos resultados se encuentra el levantamiento de las restricciones que impedían el acceso a las páginas web de varios medios de comunicación, anunciado la semana pasada.
La relevancia de la visita a Nueva York se entiende así como parte de una secuencia más amplia.
En abril, FMI y Banco Mundial reanudaron sus relaciones con Caracas. Después lo hizo el BID. Durante los meses siguientes avanzó la cooperación con Washington, se produjeron nuevos acuerdos en el sector energético y se abrió un proceso de diálogo político interno. Esta semana, Rodríguez ha sido recibida por Guterres y por los máximos responsables del FMI, Banco Mundial y BID y se ha reunido personalmente con el presidente de Estados Unidos.
La propia Rodríguez definió el encuentro con Trump como parte de una “nueva etapa” que, según afirmó, debe desarrollarse a través del diálogo.
Para Venezuela, el resultado concreto de la semana todavía no se mide en nuevos créditos o grandes acuerdos firmados en Nueva York. Lo que sí deja la agenda es una fotografía diferente de la posición internacional del país: después de años de aislamiento y relaciones suspendidas con algunas de las principales instituciones multilaterales, Caracas vuelve a mantener interlocución al más alto nivel con Washington, Naciones Unidas y los grandes organismos financieros internacionales.
La reunión entre Trump y Rodríguez es, hasta ahora, la expresión más visible de ese cambio.