A cambio, Xi Jinping se comprometió a reforzar los controles sobre el fentanilo, reanudar las compras de soja estadounidense y mantener la exportación de minerales de tierras raras, clave para la industria tecnológica global. Según el Ministerio de Comercio de China, Estados Unidos también suspenderá por un año los llamados “aranceles al fentanilo” y prorrogará la pausa de los gravámenes recíprocos del 24 % sobre productos chinos.
La reunión duró unos 100 minutos y no terminó con una declaración conjunta, pero sí con gestos claros de acercamiento. Xi aseguró que, pese a las diferencias, ambos países deben “mantener el rumbo correcto” y fortalecer los lazos.
Trump, en tanto, sostuvo que “toda la relación es muy importante” y que el encuentro en Busan fue “mucho mejor de lo esperado”. Para ambos líderes, el mensaje fue el mismo: después de años de fricciones, Washington y Pekín parecen haber abierto una puerta para calmar la rivalidad comercial y política que marcó los últimos años.