“¡Hemos llegado!”. “¿A dónde abuela, si estamos en el living?” “Es que estamos en un nuevo año”. “Zas, otra vez le agarró la ‘deliriozón’. Ya vengo abuela”. Y allá fue el nieto con su telefonito y seguro, que durante un mes, no lo verá. Pero esa abuela, que puedo ser yo, tenemos el cerebro que revienta de experiencias y anécdotas, pero los tiempos cambiaron. Antes se lo pasábamos a los nietos, hoy prefieren conectarse con gente del más allá, pero de acá. Entonces buscamos nuevos oídos, vírgenes, ya que hay cosas que a nuestro fiel compañero no se lo podemos confesar. Y cuando lo encontramos, que nos prestan atención, con seguridad, son sordas. Pero es como si nuestro cerebro se descomprimiese y volvemos alegres al hogar. Seguro que nuestro “¿compañero?”, pensará que hemos estado en algo ilegal, es que tenemos una amplia sonrisa y nuestra mirada está brillante. Pero si razonase, no lo haría, ya que “¿con qué?”. Pero nos sentimos alegres por un rato de poder haber volcado en alguien nuestras experiencias, reales y/o fantasiosas. Con eso evitamos hablar de política, economía, costo de vida y cocina, que nos envenena y amarga nuestras vidas. Es lo que nos queda.
Tatiana M. Flores
DNI 10.944.232