Ana María Reinaldi tiene 33 años y hace tiempo que vive una pesadilla enmarcada en hechos de violencia de género de parte de quien fuera su pareja. Si bien lo denunció, el hombre no deja de amedrentarla y ella vive un calvario.

Una situación que se repite. La visibilización de los episodios de violencia de género permite conocer cientos de historias. De esas que dejan ese lugar del padecimiento individual y secreto de las mujeres, para hacerse públicas y demandar respuestas más concretas de los que tienen que decidir. Los que tienen que asistir, preservar psicológica y físicamente a las víctimas y fundamentalmente, impedir con todas las herramientas de que se dispongan el trágico final de los femicidios.

Ana María Reinaldi tiene 33 años, perdió un embarazo de cuatro meses al recibir una golpiza de quien fuera su pareja y a pesar de denunciar a su agresor, continúa conviviendo con el miedo, debido a las constantes intimidaciones y amenazas que recibe, mientras quienes deben “cuidarla” da la sensación de estar “mirando para otro lado”.

El relato en primera persona de esta joven estremece, los detalles de todo lo sufrido da escalofríos y sobre todo, debido a que el padecimiento no ha terminado. “En febrero de 2017 entable una relación con Fernando Raúl Galante y al poco tiempo, empezaron las escenas de celos, con persecuciones y enseguida, al hostigamiento con insultos, le siguieron los golpes. Quede embarazada y cuando ya estaba de cuatro meses pasó lo peor, me dio una paliza, tirándome contra su auto y dándome en la panza, provocando que pierda al bebé. Eso fue en noviembre del año pasado y ahí decidí ponerle un punto final, pero solo era el principio de este calvario que sigo viviendo”, contó.

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El hombre, de profesión taxista, insistía en sostener el vínculo sentimental y al ser rechazado, a través de mensajes por las redes sociales y otros telefónicos profundizó sus amenazas. Según Ana María, “el pasado 28 de enero, cuando salí de mi casa en Lanús me agarró en la calle, me subió por la fuerza al auto y me llevó hasta el garaje de su casa, en San Martín, donde me tuvo secuestrada, pegándome por todas partes y me violó. Cuando pude zafar me fui, pero terminé internada en el hospital Gandulfo de Lomas de Zamora y entonces, me decidí a denunciarlo, con la esperanza de que alguien tome una medida en su contra, pero hasta acá, todo resultó insuficiente”.

Tras la presentación en la Comisaría de la Mujer de San Martín se abrió un expediente por este caso de violencia de género, con lesiones y amenazas, en el que tomó intervención el fiscal Mario Alfredo Marini y por su residencia en el partido de Lanús, la denuncia hubo de replicarse en la seccional policial de la zona, a los efectos de fijarse una restricción perimetral de acercamiento y que se le otorgue un botón antipánico a la víctima. “Nada lo detuvo, siguió mandándome mensaje, me acusaba de escracharlo ya que publiqué todo lo que me estaba pasando en Facebook y prometió matarme. Con las exámenes del médico legista donde constan los golpes que recibí, me presenté a ampliar la declaración en la Unidad Funcional de Instrucción Nro. 14 de San Martín, pero en casi dos meses no se tomó ninguna medida sobre Galante”, afirmó la damnificada.

A pesar de estas traumáticas circunstancias, los episodios de intimidación no cesaron en ningún momento, al punto de dejar a esta mujer en una situación de virtual indefensión. Al respecto, Ana María Reinaldi manifestó que “trabajó en la zona de Congreso, en la Capital, y varias veces cuando salió, él se aparecía para insultarme, perseguirme por la calle de manera amenazante. Uno de esos días, accioné el botón antipánico, la Policía tardó 45 minutos en llegar y cuando vinieron, me dijeron que no le podían quitar el derecho a circular por la ciudad, debido a que trabaja con el taxi. Me siento tan desprotegida, que vengo faltando al trabajo y en cualquier momento van a despedirme”.

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“Deja de hacerme denuncias porque te voy a matar’, “en cuanto te encuentre, no la vas a contar”, son algunas de las frases de los chats de la mensajería de WhatsApp que la víctima ha capturado para anexar a todas las pruebas que deberían tenerse en cuenta, a los efectos de preservar su integridad física.

“Ya no sé qué hacer, cambié mi número de teléfono, pero lo consiguió de alguna manera y no para de amenazarme. Es un hombre violento, que tiene problemas con el alcohol y las drogas, pero a los que deben controlarlo parece que nos les importa. El fiscal Marini no hace nada para que se termine este calvario que estoy sufriendo y que intento sobrellevar con el apoyo de mi familia, mis amigos y gente que me apoya, me da fuerzas para seguir adelante y afrontar esta situación. Tengo mucho miedo de que un día me mate, como ya lo prometió varias veces”, concluyó.

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dEn imagen dos capturas de los mensajes intimidatorios enviados por WhatsApp.
dEn imagen dos capturas de los mensajes intimidatorios enviados por WhatsApp.

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