El autor señala que los problemas que enfrenta el país son tan grandes y complejos que no los puede resolver un solo partido político, una facción o un hombre providencial.
El autor señala que los problemas que enfrenta el país son tan grandes y complejos que no los puede resolver un solo partido político, una facción o un hombre providencial.
La historia argentina está plagada de episodios de enfrentamiento entre hermanos. Ya en 1910, Joaquin V. González decía que en la Argentina regía la ley del odio.
Hoy quisiera que los argentinos podamos unirnos para cerrar esta grieta que nos separa, que dejemos de ver al que piensa distinto como a un enemigo al que hay que destruir.
La grieta tiene también un costo económico: no se puede invertir, no se puede crecer y no se puede salir de la pobreza en un país que se refunda cada cuatro años.
Los problemas que enfrenta nuestra querida Argentina, son tan grandes y complejos que no los puede resolver un solo partido político, una facción o un hombre providencial. Es necesario ponernos de acuerdo en un consenso que supere las antinomias, deje de lado el egoísmo y nos convoque a construir el futuro.
La gran responsabilidad de hoy recae en los dirigentes. Se conduce con el ejemplo y es ahí donde Argentina ya no aguanta más a quienes dividen para ocultar su incapacidad. Necesitamos una política donde la verdad sea la base del diálogo y la austeridad, la regla.
Un liderazgo ejemplar es el que busca la transparencia en todos los actos de gobierno, implementando sistemas donde el ciudadano pueda ver en tiempo real en qué se gasta cada peso del Presupuesto nacional.
La verdadera prueba moral de un gobierno no es cómo juzga o persigue a los opositores sino más bien cómo permite que la Justicia investigue a sus propios funcionarios. Un cambio superador implica impulsar la independencia de los organismos de control.
El respeto a la libertad, a la vida y a la propiedad privada son valores que debemos sostener, para lo cual necesitamos recuperar la Justicia, mejorando la selección y designación de los jueces de la Nación, en todos los niveles. La Justicia es el poder del Estado que asegura la República.
La unidad se logra estableciendo verdades compartidas como, por ejemplo, la corrupción es el límite, la educación es una prioridad, la sensibilidad por el que sufre nuestra forma de ser.
A la vocación de servir con amor, debe sumarse la necesidad de la idoneidad para la administración y conducción del gobierno, sometiendo cada acto al escrutinio público, ya que se trata de servir al pueblo que es el soberano.
Hace años conversando con un expresidente de Brasil, le pregunté cuál era para él la diferencia entre nuestras naciones y me resapondiò: “Brasil mira para adelante, mientras ustedes tienen los ojos en la espalda, viven discutiendo por situaciones del pasado. El día que miren todos juntos hacia adelante, serán imparables”.
La Argentina está en nuestras manos, todos juntos tenemos que construir esta gran nación que sea un faro que ilumine la paz, el progreso y el bienestar para todos los hombres de buena voluntad.
Luis Cagliari es empresario y productor agropecuario