“Es como si cualquier editorialista acá escribiera que Irán cruzó una línea roja. Igual, hablamos del Estado que nos puso dos bombas”, graficó una fuente con acceso al despacho presidencial, en alusión a los atentados contra la Embajada de Israel, en 1992, y la AMIA, en 1994, por los que la Justicia argentina ha señalado responsabilidades de funcionarios iraníes y de la organización Hezbollah.
En este contexto, la Cancillería, a cargo de Pablo Quirno, también quedó bajo la lupa. El ministro de Relaciones Exteriores no descartó públicamente la posibilidad de enviar buques de la Armada argentina a zonas de tensión, como el estratégico estrecho de Ormuz, aunque luego relativizó la opción al indicar que hasta el momento solo circulan “rumores” sobre una participación militar concreta.
Especialistas en defensa y diplomacia señalan que la Argentina cuenta con capacidades limitadas para operar de manera sostenida en un teatro de conflicto tan distante, lo que podría restringir su rol a pronunciamientos políticos y cooperación en foros internacionales. Por ahora, el Gobierno se concentra en reforzar su alineamiento con Washington e Israel, reivindicar la condena a los atentados terroristas ocurridos en el país y sostener un discurso duro contra Irán, sin avanzar en decisiones que impliquen un estado de guerra formal.