Lo dijo Alejandro Larumbe, titular de la Cámara Gastronómica de Quilmes, quien en diálogo con El Quilmeño dio detalles de la situación del sector, a raíz de la elevada inflación.

El Presidente de la Cámara de Gastronómicos de Quilmes, Alejandro Larumbe, se refirió al duro momento por el que atraviesa el rubro con la suba de los costos, lo que hace que se vendan menos cubiertos por mes, a la vez que sostuvo que "la gente ya se resigna a la situación y no se queja".

La inflación que mes a mes sube escalones impacta de lleno en los distintos sectores.

Así lo explicó Larumbe, quien además es Secretario de la Federación de Gastronómicos de la Provincia de Buenos Aires, al decir que las personas se preocupan primero por los alimentos diarios, después por la salud, la educación y por último en ir a restaurantes, cine o teatro.

Por eso mismo, en diálogo con El Quilmeño, dio su punto de vista y remarcó las dificultades con las que lidian.

En primera instancia, habló sobre la compra de mercaderías y la relación con quienes las proveen, de quienes dijo que "no son personas malintencionadas o ventajeras" y sostuvo que el problema "es que venden y no suplen el costo de reposición de la materia prima" porque "tienen gastos de logística, nafta, patente, más allá de todo". Además, cambiaron drásticamente las formas de pago con ellos.

"Uno de los primeros cambios que sucedieron, es que ningún proveedor abre una cuenta corriente. Los pagos son contra la boleta en el momento de la entrega. Antes se podía pagar a un mes, pero desapareció. También desapareció la lista de precios del mes, porque ahora cambian todas las semanas", indicó.

"Si encargas mercadería un miércoles y vas a retirarla un viernes, nos dicen que el precio es el de ese viernes. Quiere decir que no pueden sostenerlos ni tres días, agregó.

Todo eso, la clientela no lo logra ver, aunque inconscientemente lo sabe. De hecho, "al recibir la carta con los nuevos valores, se resigna simplemente antes que quejarse formalmente, ya que se encuentra en la rueda". Eso se suma a que la capacidad de ahorro es muy chica. Ante la imposibilidad de comprar dólares y, en efecto, de adquirir un vehículo o un hogar, deciden gastar y darse esos gustos.

"Después de la pandemia hubo un cambio psicológico grande. Ahora la gente trata de vivir más el día a día, de estar al aire libre y de compartir con su gente. Hubo críticas de ciertos dirigentes que decían 'mirá las zapatillas que tiene este y no tiene casa para vivir'. El tema es que buscan satisfacerse con lo que pueden. Salir a comer, comprarse un celular o unas zapatillas es más fácil que comprarse una casa", continuó Larumbe, que además es dueño del local de comida mexicana El Charro, ubicado en el centro de Bernal.

"Es muy difícil trabajar con estos niveles de inflación. Tenemos que cambiar todos los meses los sistemas, las cartas, y eso lleva un gasto de tiempo y de dinero muy grande", cerró el quilmeño.

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