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07 de octubre 2026 - 11:13
Los cinco mitos sobre los huevos que la evidencia científica ayudó a derribar

En el marco de la Semana Mundial del Huevo, un informe revela que la Argentina que más los consume en el mundo, con cerca de 400 huevos por persona al año. Qué dice la evidencia sobre el colesterol, la cocción, la cáscara y sus nutrientes.

El huevo es uno de los alimentos que durante años estuvo rodeado de distintas creencias. Su contenido de colesterol generó dudas sobre su consumo, mientras que también se discutió si era preferible comer únicamente la clara, si los huevos marrones tenían más nutrientes que los blancos o si consumirlos crudos ofrecía mayores beneficios. Sin embargo, la evidencia disponible actualmente permite revisar muchas de esas ideas y reconocerlo como un alimento nutritivo, versátil y accesible.

El huevo tiene un fuerte protagonismo en la alimentación de los argentinos. Con cerca de 400 unidades consumidas por persona al año, Argentina se ubica como el país con mayor consumo per cápita del mundo. La diferencia también es considerable respecto de otros países de la región: Brasil registra aproximadamente 283 huevos por habitante, Chile 251 y el promedio latinoamericano se ubica cerca de los 304. De esta manera, el consumo nacional es alrededor de un 40% superior al brasileño y casi un 60% mayor al chileno.

Su importancia también está relacionada con sus características nutricionales. Una porción de dos huevos, equivalente a unos 100 gramos, contiene aproximadamente 13 gramos de proteínas de alta calidad, además de vitaminas B12 y D, ácido fólico y biotina. También aporta minerales como fósforo, hierro, zinc y selenio.

Otro de sus componentes destacados es la colina, un nutriente esencial que participa, entre otras funciones, en el correcto funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso.

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Producción y liderazgo argentino

El protagonismo del país no se limita al consumo. Argentina también tiene una importante producción de huevos. El número de gallinas ponedoras superó los 62 millones durante el último año, con un incremento cercano al 9%, y las proyecciones indican que podría llegar a entre 65 y 67 millones durante 2026.

En 2025, la producción alcanzó aproximadamente 19.000 millones de huevos, mientras que durante este año podría superar los 20.000 millones. Las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos concentran cerca del 70% de la producción nacional.

Este crecimiento implica también el desafío de sostener elevados niveles de sanidad, prevención y bioseguridad para acompañar la expansión de la actividad.

"El crecimiento de la industria no es casualidad: es el resultado de años de inversión sostenida en genética, sanidad y tecnología por parte de los productores argentinos. Pero ese ritmo de expansión también nos exige más. Cada gallina que sumamos al sistema tiene que estar acompañada por los más altos estándares sanitarios, porque ahí es donde se juega la sustentabilidad de todo el sector", señala Javier Prida, Presidente Ejecutivo de la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA).

El proceso sanitario comienza mucho antes de que el huevo llegue al consumidor. La prevención de enfermedades, la vacunación, las medidas de bioseguridad, el monitoreo constante y el asesoramiento veterinario forman parte de las herramientas destinadas a preservar la salud de las aves y garantizar una producción segura y eficiente.

En Argentina, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) fija requisitos sanitarios y de bioseguridad para los establecimientos avícolas. Entre ellos se encuentran los planes sanitarios y la participación de profesionales veterinarios responsables.

Estas disposiciones buscan proteger tanto la producción nacional como las condiciones necesarias para garantizar la seguridad de los alimentos que llegan al mercado.

La sanidad en la actividad avícola también permite aplicar de manera concreta el concepto de Una Salud, que plantea que existe una conexión directa entre la salud animal, la salud humana y el cuidado del ambiente.

"La salud animal, la salud humana y la salud del ambiente están profundamente conectadas. Cuando protegemos la salud de las aves, contribuimos también a una producción de alimentos segura y sostenible. Ese es el sentido del enfoque Una Salud y el que guía nuestro trabajo junto a productores y veterinarios, desarrollando soluciones que permitan prevenir enfermedades y acompañar los desafíos de una industria en permanente evolución", explica Eugenia Sanz, directora de la Unidad de Negocios de Avicultura de MSD Salud Animal.

Cinco creencias sobre el huevo que fueron revisadas

1. El huevo aumenta el colesterol en sangre.

Durante mucho tiempo se recomendó limitar su consumo debido a su contenido de colesterol. Actualmente, se considera que el riesgo cardiovascular debe evaluarse teniendo en cuenta el conjunto de la alimentación y el estilo de vida, en lugar de atribuirlo a un único alimento. En personas sanas, el huevo puede integrarse a una dieta equilibrada.

2. Los huevos marrones tienen más nutrientes que los blancos.

El tono de la cáscara está determinado principalmente por la genética de la gallina. Por lo tanto, el color no significa que un huevo tenga mejores propiedades nutricionales que otro.

3. Comer el huevo crudo permite aprovechar mejor sus nutrientes.

La cocción, en realidad, facilita la digestión de algunas proteínas y disminuye el riesgo de contaminación con microorganismos como la Salmonella. Por ese motivo, cocinar correctamente el huevo constituye una alternativa más segura.

4. Los huevos deben lavarse antes de guardarlos.

La superficie de la cáscara cuenta con una protección natural. Lavar los huevos antes de almacenarlos puede deteriorar esa barrera y facilitar que microorganismos atraviesen los poros. En caso de ser necesario limpiarlos, se deben respetar las recomendaciones de manipulación segura.

5. Comer solamente la clara es siempre más saludable.

La clara y la yema contienen nutrientes diferentes que se complementan. Mientras que la clara concentra una importante cantidad de proteínas, la yema aporta vitaminas, minerales, grasas y nutrientes como la colina. Consumir el huevo completo permite aprovechar de manera integral su composición nutricional.