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13 de agosto 2026 - 12:30
¿Por qué nos cuesta tanto incorporar hábitos saludables?

La clave no estaría en la falta de voluntad, sino en cómo funciona el cerebro. Una psicóloga explica por qué cambiar todo de golpe puede dificultar la creación de nuevas rutinas.

Aunque muchas personas conocen las conductas que pueden favorecer su bienestar, convertirlas en parte de la rutina diaria no siempre resulta sencillo. Y siempre las malos hábitos se nos pegan más rápido que los buenos. Según explica una especialista, las dificultades para sostener estos cambios no necesariamente tienen que ver con la voluntad o la personalidad, sino con la manera en que funciona el cerebro al momento de crear hábitos.

¡Los malos hábitos los incorporamos enseguida!

Por qué solemos esperar al lunes para empezar

Es habitual elegir una fecha específica para comenzar una nueva etapa. Este comportamiento es conocido en la economía conductual como “efecto de nuevo comienzo”. Un cumpleaños, el comienzo de un mes o un lunes pueden generar la sensación de que existe un punto de partida diferente y que es posible dejar atrás lo anterior.

Sin embargo, ese impulso inicial puede desaparecer rápidamente y las conductas habituales vuelven a ocupar su lugar.

Las costumbres poco saludables tienen, además, un atractivo inmediato. Comer algo dulce puede generar placer en pocos minutos, pedir comida permite ahorrar tiempo y utilizar el celular ofrece estímulos constantes. Los hábitos beneficiosos, en cambio, suelen entregar resultados de manera progresiva, por lo que una caminata, una sesión de ejercicio o reducir el uso del teléfono durante una noche no generan transformaciones evidentes de inmediato.

Intentar modificar todo de una vez puede ser contraproducente

Cambiar una conducta requiere atención y esfuerzo. Por eso, intentar transformar simultáneamente la alimentación, el descanso, la actividad física y otros aspectos de la vida cotidiana puede convertirse en una fuente de presión.

La recomendación es comenzar por un solo hábito y avanzar de manera progresiva. De esta forma, la nueva conducta puede incorporarse paulatinamente hasta formar parte de la rutina.

También es importante evitar la frustración cuando los resultados tardan en aparecer. Al principio, realizar una actividad nueva requiere concentración y voluntad; con la repetición, comienza a convertirse en algo más automático. No cumplir un día no significa que todo el proceso esté perdido: lo importante es evitar que ese incumplimiento se transforme en una razón para abandonar.

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Pequeños pasos para construir una rutina

Una estrategia útil consiste en comenzar con objetivos sencillos y fáciles de cumplir. Por ejemplo, dedicar cinco minutos a una actividad física puede ser más efectivo que establecer una rutina de una hora que constantemente termina siendo postergada.

Otra posibilidad es relacionar el nuevo hábito con una actividad que ya forma parte de la vida diaria. Caminar unos minutos después de una comida o leer antes de acostarse son ejemplos de cómo una conducta existente puede servir como punto de referencia para incorporar otra.

La constancia también cumple un papel fundamental. Llevar un registro de las veces que se realiza una actividad puede ayudar a mantener el compromiso, pero no es recomendable depender exclusivamente de la motivación del momento.

Si la rutina se interrumpe, no es necesario esperar al próximo lunes, al comienzo de otro mes o a una fecha especial. Retomar cuanto antes puede ser más importante que haber cumplido todos los días de manera perfecta.

FUENTE: Agencia RT - Psicóloga Milana Oréjova.