Las marcas buscan revalorizar los juguetes tradicionales frente al avance del entretenimiento digital, con propuestas que incentivan la creatividad y el juego compartido.
Las marcas buscan revalorizar los juguetes tradicionales frente al avance del entretenimiento digital, con propuestas que incentivan la creatividad y el juego compartido.
A dos días del Día del Niño, que este año se celebra el domingo 16 de agosto, la industria juguetera enfrenta un desafío que va más allá de las ventas: lograr que los juguetes tradicionales vuelvan a captar la atención de los chicos frente al avance de las pantallas.
Celulares, tablets, videojuegos y plataformas digitales forman parte del entretenimiento cotidiano de las nuevas generaciones. En ese escenario, las marcas buscan diferenciar al juguete físico no desde una pelea directa con la tecnología, sino desde aquello que una pantalla no puede reemplazar: la posibilidad de imaginar, construir, moverse y compartir con otros.
La fecha llega, además, en un contexto en el que los adultos analizan cada compra con mayor cuidado. La búsqueda de precios, promociones y financiación gana peso, mientras muchas familias esperan hasta los últimos días para definir qué regalar.
Para Pablo Marcovich, director de Samba, la estrategia de la industria no debería plantearse como una competencia entre lo digital y lo físico. La oportunidad, sostiene, está en recuperar el valor de las experiencias que genera el juego tradicional.
En ese sentido, el objetivo es poner nuevamente en primer plano actividades que estimulen la creatividad, la imaginación, la construcción y el juego compartido. Se trata de ofrecer alternativas que permitan que los chicos tengan un rol activo y no sean solamente consumidores de contenidos.
Esta tendencia ayuda a explicar el crecimiento de propuestas vinculadas con el juego didáctico y de aprendizaje, entre ellas los bloques de construcción y los juegos de mesa. Además de entretener, este tipo de productos permite a las familias encontrar un valor adicional a la hora de justificar el gasto.
El desafío para las marcas consiste entonces en comunicar que el juguete no es simplemente un objeto más en la habitación, sino una herramienta para generar experiencias. Jugar implica crear historias, resolver problemas, experimentar y relacionarse con otros, aspectos que forman parte de la identidad del juguete tradicional.
El componente emocional también ocupa un lugar central en las decisiones de compra. El diseño, la calidad, las marcas reconocidas y los personajes de películas, series o videojuegos continúan teniendo un fuerte peso a la hora de despertar el interés de los chicos.
Maca Báez, fundadora y directora de Marketing de Rotundo Media Group, destaca que esos elementos tienen una importante carga afectiva y aspiracional. El atractivo no está solamente en el producto, sino en el universo que representa y con el que el chico se identifica.
Así, la industria busca combinar dos necesidades: por un lado, captar la atención de un público acostumbrado a consumir entretenimiento digital y, por otro, convencer a los adultos de que el juguete sigue teniendo un lugar relevante en el desarrollo y la diversión de los chicos.
La discusión no implica necesariamente elegir entre juguetes o tecnología. El desafío pasa por recuperar un equilibrio y generar propuestas capaces de competir por la atención infantil desde otro lugar.
En paralelo, el comportamiento de los adultos muestra que el precio sigue siendo determinante. La compra se volvió más planificada y la comparación entre comercios, descuentos y formas de pago es parte del proceso previo al regalo.
De esta manera, el Día del Niño 2026 encuentra a la industria juguetera frente a una doble batalla: conquistar el bolsillo de las familias y, al mismo tiempo, recuperar el deseo de los chicos por jugar lejos de las pantallas. En ese escenario, los juguetes que logren combinar diversión, creatividad y experiencias compartidas aparecen como los principales candidatos a recuperar protagonismo.