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09 de agosto 2026 - 12:31
Las claves para acompañar, escuchar y cuidar a los chicos en Internet

En una entrevista con Popular, Milagros Schroder, coordinadora de Educación de Faro Digital, plantea el desafío para los adultos. "Hay que reconocer que Internet es uno de los lugares donde transcurre la vida cotidiana de chicas y chicos", afirma.

Internet dejó hace tiempo de ser un mundo paralelo para convertirse en uno de los territorios donde transcurre buena parte de la vida de niños y adolescentes. Allí juegan, estudian, hacen amigos, se enamoran y se entretienen, pero también pueden quedar expuestos al grooming, las apuestas, las estafas, el hostigamiento, la difusión de imágenes íntimas y otras formas de violencia. Frente a ese escenario, el desafío para los adultos ya no pasa solamente por conocer los peligros o controlar qué hacen los chicos detrás de una pantalla.

Milagros Schroder, coordinadora de Educación de Faro Digital, una organización de la sociedad civil dedicada a la ciudadanía digital, propone cambiar el enfoque: pasar del miedo y la vigilancia al acompañamiento, la escucha y la construcción de confianza. Entender, además, que el riesgo cero no existe y que prevenir también significa conseguir que un chico sepa que puede pedir ayuda cuando algo sucede. En diálogo con Popular, analiza los desafíos de criar y acompañar en tiempos de redes y plantea una pregunta tan sencilla como reveladora: "¿Cómo te fue hoy en internet?".

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-Los peligros y las violencias en el ámbito digital se presentan de múltiples formas. Grooming, trata virtual, estafas, abuso infantil, chantajes, difusión de imágenes sin consentimiento, creación de contenido mediante IA. El suicidio de niños y jóvenes aumenta en sus cifras, muchas veces vinculado también a cuestiones surgidas en redes. ¿Cómo hacemos para esquivar estas problemáticas, anticiparse o, incluso si no hay otra, reducir riesgos?

-Lo primero es abandonar la idea de que podemos garantizar un territorio sin ningún riesgo. No podemos, del mismo modo que no podemos hacerlo en una plaza, una escuela o una fiesta. El objetivo es reducir las posibilidades de daño y, sobre todo, lograr que, cuando algo suceda, esa chica o ese chico pueda pedir ayuda y encuentre personas e instituciones preparadas para intervenir. Para esto es clave tener información. No podemos anticiparnos a una problemática que no conocemos, que no sabemos nombrar o cuyas señales no podemos reconocer. Necesitamos saber qué prácticas existen, cómo funcionan las plataformas, qué mecanismos utilizan quienes ejercen violencia y cuáles son los canales de ayuda. Pero la información, por sí sola, no alcanza. Tiene que convertirse en conversación, criterios para tomar decisiones y capacidad de actuar. Una chica o un chico puede saber qué es el grooming y, aun así, no pedir ayuda si teme que lo reten o le saquen el teléfono. Una familia puede conocer los riesgos y no saber cómo intervenir sin invadir o culpabilizar. Por eso, prevenir significa contar con información adecuada, construir confianza y tener redes de respuesta preparadas. No siempre vamos a poder evitar que algo ocurra, pero sí podemos no escalar la violencia: reducir la exposición, reconocer antes las señales, limitar el daño y evitar que quien atraviesa una situación quede en soledad.

Milagros Schroder es coordinadora de Educación de Faro Digital.

-Hablás mucho de profundizar la educación digital integral. ¿En qué aspectos sentís que avanzamos en los últimos años y en cuáles hace falta aún trabajar mucho más?

- En los últimos años avanzamos en una comprensión central: lo que ocurre en internet es real. Una amenaza, una situación de hostigamiento o la difusión de una imagen sin consentimiento no pierden gravedad por suceder en una pantalla. También contamos con más herramientas para nombrar diversas violencias como el grooming, las apuestas online, las estafas o las violencias digitales. Las familias y las escuelas preguntan más y empiezan a reconocer que no se trata de asuntos exclusivamente técnicos, sino educativos, sociales y culturales. Sin embargo, todavía predominan las respuestas reactivas: muchas veces se convoca una charla cuando el problema ya ocurrió. El desafío es pasar de intervenciones aisladas a una educación digital integral, transversal, sostenida y adecuada a cada etapa de la vida. También necesitamos dejar de depositar toda la responsabilidad en chicas y chicos. No alcanza con decirles que se cuiden. Es necesario comprender cómo están diseñadas las plataformas, qué conductas favorecen y qué responsabilidades tienen las empresas, las instituciones y el Estado. Profundizar la educación digital integral implica trabajar derechos, vínculos, subjetividades, consumos, economía, información, inteligencia artificial y participación democrática.

-Es muy interesante el concepto de preguntarles a los pibes "¿Cómo te fue hoy en internet?": ¿Qué significa para las familias y adultos cercanos a los chicos que abracen esta idea?

-Significa reconocer que internet es uno de los lugares donde transcurre la vida cotidiana de chicas y chicos. Allí juegan, aprenden, se vinculan, se enamoran, discuten, se comparan, se frustran, crean y también pueden atravesar situaciones dolorosas. La pregunta no debe funcionar como un interrogatorio ni como una contraseña para revisar el teléfono. Tiene que tener el mismo sentido que preguntar cómo les fue en la escuela, en el club o en una salida: mostrar interés por su experiencia. Por eso tampoco funciona cómo te fue en Internet de modo general. La clave es la pregunta desde la experiencia: ¿cómo te fue en Minecraft con la casa que estabas armando?, ¿conseguiste el usuario de Tik Tok que buscabas? Para que esa pregunta sea genuina, las personas adultas tenemos que estar preparadas para escuchar respuestas que quizás no entendamos o no nos gusten. También debemos evitar reaccionar inmediatamente desde el miedo o la sanción. Si una chica cuenta que envió una imagen íntima y la primera respuesta es culpabilizarla, aprende que no puede recurrir a esa persona adulta. Abrazar esta idea implica construir confianza antes de la urgencia. También revisar nuestras propias prácticas: cuánto exponemos a nuestros hijos e hijas, cómo usamos el teléfono, qué publicamos y qué lugar ocupa la tecnología en nuestros vínculos familiares.

-¿Cuáles, a tu criterio, son los peligros a los que se pueden enfrentar o padecer los chicos en las redes sociales y internet en general?

- Internet no inventó las violencias que atraviesan a las infancias y adolescencias. El hostigamiento, el abuso, la discriminación, la misoginia, el racismo o la exclusión son problemas históricos y culturales que también se expresan en los entornos digitales. Allí pueden adquirir mayor velocidad, alcance y permanencia, pero no nacen de la tecnología. Por eso, más que construir una lista infinita de peligros, necesitamos preguntarnos qué herramientas tienen chicas y chicos para reconocer una situación, ponerla en palabras y pedir ayuda. El mayor riesgo no es solamente que algo ocurra, sino que tengan que atravesarlo en soledad. La prevención empieza mucho antes del conflicto: en la construcción de vínculos de confianza, en la presencia adulta y en la certeza de que, si cuentan algo, no van a ser juzgados, culpabilizados ni castigados. Una chica o un chico acompañado no está libre de riesgos, pero tiene muchas más posibilidades de detener una situación, reducir el daño y encontrar una respuesta.

-Hay episodios realmente bisagras en Argentina. El chico que fue armado y disparó en una escuela en Santa Fe recientemente, tras haber participado de grupos en redes donde se alientan estos hechos. Una chica que se quitó la vida tras la repercusión de un video íntimo, subido a redes o compartido sin consentimiento. ¿Cómo hacemos para trabajar colectivamente en prevención y cómo trabajamos luego del shock?

-Frente a episodios extremos, es importante evitar explicaciones simplificadoras. No hay una relación lineal de causa y consecuencia entre lo que ocurre en internet y una situación de violencia. Las redes pueden amplificar discursos, conectar comunidades, facilitar la circulación de determinados contenidos o reforzar padecimientos, pero nunca explican por sí solas un hecho. Las violencias no empiezan en el extremo, nunca. Para comprenderlo hay que mirar también las trayectorias personales, los vínculos, las condiciones sociales, las respuestas institucionales y las señales previas que pudieron haber sido desatendidas. Después de un episodio traumático, además, es necesario desarrollar una verdadera política de acompañamiento. Esto incluye brindar información clara, evitar rumores y circulación de imágenes, proteger identidades, ofrecer espacios de atención, acompañar durante el tiempo necesario y revisar críticamente las fallas institucionales. No alcanza con contener durante las primeras horas y después pretender que la institución vuelva a funcionar como si nada hubiera pasado. La recuperación de una comunidad exige tiempo, cuidado, memoria y transformación de las condiciones que produjeron o facilitaron el daño.