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30 de septiembre 2026 - 13:37
Tesla quiere entrenar un robot con los movimientos de sus trabajadores y hubo rechazo masivo

La compañía necesita recopilar datos precisos sobre tareas físicas para desarrollar su robot humanoide, pero parte de los empleados cuestionó el objetivo del entrenamiento.

Tesla comunicó en enero de 2026 a trabajadores de sus plantas de Texas y California que algunos debían utilizar equipos de captura de movimiento para registrar cómo realizaban tareas de producción. Parte del personal rechazó la propuesta porque consideraba que Optimus, el robot humanoide de la compañía, podría eventualmente reemplazar trabajos como los que ellos realizan.

La compañía necesita estos registros porque Optimus no puede aprender simplemente observando videos de personas trabajando. Para desarrollar sus capacidades, requiere ejemplos precisos de cómo se ejecutan físicamente las tareas, de manera que los sistemas de aprendizaje por imitación puedan convertir esos datos en movimientos y secuencias de acciones.

Por ese motivo, Tesla mantiene puestos específicos destinados a la recopilación de datos para Optimus. Los empleados que realizan estas tareas manipulan objetos, siguen recorridos establecidos y utilizan equipos de captura de movimiento mientras repiten determinadas acciones.

Optimus el robot de tesla.

La necesidad de reunir esta información constituye uno de los principales obstáculos para el desarrollo de robots humanoides. Una máquina capaz de desenvolverse en situaciones variadas necesita grandes cantidades de datos sobre comportamientos que para las personas resultan naturales, pero que los algoritmos deben aprender.

De esta manera, Optimus depende para su entrenamiento del conocimiento corporal de trabajadores que podrían verse afectados por la automatización de sus propias tareas. La recopilación de movimientos se convirtió así en uno de los puntos de tensión alrededor del desarrollo del robot.

Las quejas de parte del personal no llevaron a Tesla a abandonar el proceso. Según The Information, la compañía contrató recopiladores de datos específicos e instaló cámaras adicionales en sus fábricas para continuar registrando las tareas.

Una parte importante de ese trabajo comenzó a realizarse lejos de las líneas de producción activas, con el objetivo de reducir la fricción con los empleados que fabrican vehículos. Durante el verano, Tesla también comenzó a establecer centros de entrenamiento específicos en distintos puntos de Estados Unidos, entre ellos Colorado, Arizona y Florida.

Mientras avanza la recopilación de datos, Optimus todavía enfrenta dificultades técnicas. Las manos y los antebrazos del robot reúnen más de un centenar de pequeños componentes, incluidos tornillos, que todavía requieren montaje manual. Algunas unidades recién fabricadas también necesitan correcciones al salir de la línea de producción.

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Los sensores táctiles presentaron problemas de fiabilidad y Tesla desarrolló una capa similar a un guante que puede reemplazarse sin cambiar toda la mano. Además, Optimus todavía necesita programación específica para ejecutar determinadas tareas y solo puede hacerlo en entornos cuidadosamente controlados. Tesla habría alcanzado una producción de varios centenares de robots por semana y aspira a contar antes de finalizar 2026 con una línea automatizada continua capaz de fabricar más de 1.000 unidades semanales.

El conflicto alrededor de Optimus forma parte de una discusión más amplia sobre el entrenamiento de sistemas de inteligencia artificial con el conocimiento de los propios trabajadores. En Hollywood, guionistas, directores y productores aceptaron tareas para evaluar o generar material destinado a entrenar modelos de IA; actores de voz recibieron ofertas vinculadas a réplicas sintéticas de sus voces. En el caso de los robots humanoides, esa tensión comienza a trasladarse de las pantallas al trabajo físico.