"Estoy siempre en el barrio", aseguró Márcico, quien además con pasión acotó: "Sigo en Barracas, como mi mamá y mis hermanos. Cuando volví de Francia a Boca me tuve que ir a vivir a Belgrano porque mis hijos iban a estudiar al Liceo Francés, pero me iba todos los días después del entrenamiento a comer a la casa de mi mamá en Barracas, jaja. O en lo de mis hermanos. Me gustaba y me gusta mucho ir a la pizzería Los Campeones, ahí sobre Montes de Oca".
En tanto, sobre su idilio con el Xeneize, comentó: "Yo era socio de Boca desde pibe. En las vacaciones de verano pasaba todo el día en Boca: diciembre, enero y febrero. Siempre en la pileta de Boca. Más o menos desde los 11 a los 19 años míos. Me acuerdo de tirarme de los trampolines, que hasta el día de hoy están, el de 3, el de 5 y el de 10 metros".
Luego, sin hacer inferiores, llegó a Primera. Y fue campeón con Ferro, emigró a Francia, jugó en la Selección y volvió al país, a su amor azul y oro. "Llegar a Boca -dijo el Beto Márcico- fue cumplir el sueño de mi vida. Antes de irme de Francia, el Presidente del Toulouse vino con un papel en blanco y me dijo: 'Anotá los años que quieras como jugador, técnico, manager, lo que quieras, pero por favor no te vayas. Casi me matan, yo me quería ir, mi sueño era jugar en Boca. Siempre fui hincha y socio del club". Luego terminó su carrera en Gimnasia donde también lo adoran. Hoy, a Alberto José Márcico lo podemos encontrar, como en esta oportunidad, por las calles de Barracas. ¿Adónde si no?