Boxeo: Sedes inciertas, títulos improvisados, informalidades, descuidos reglamentarios y batacazos. Echarle la culpa a la pandemia es carecer de autocrítica.

Malas peleas, o púgiles medio pelo, se aceptan en este contexto pandémico, pero ése es el límite. Desde que el boxeo profesional se legalizó en el país en 1924, si algo se conocía con anticipación era el lugar donde iba a haber piñas.

Viejas épocas…

El Luna Park era un rito sagrado. Un programa de agenda. Durante décadas todos sabían que el sábado por la noche iría a haber boxeo allí y muchos hasta hacían cola para la entrada sin saber quiénes peleaban. Fue así toda una vida, hasta su primer cierre en 1987.

Luego pasó a ser la FAB el escenario emblemático. Sábado a sábado lo único fijo era que habría acción en Castro Barros 75, hasta que en 2004, los promotores descubrieron que en el interior había mejores condiciones económicas, menos gastos, más apoyo político/gubernamental, y la FAB comenzó a sentirle el gustito a sacarse de encima el problema de acondicionar su estadio y resistir los embates de la por entonces DGI, y la Comisión Municipal de Box. Y allá fueron, como un circo rodante, cada semana en un lugar distinto.

Pero jamás en la historia –que recordemos- sucedió lo del viernes pasado: que una velada no tuviera sede fija el día anterior a realizarse.

La pandemia hizo estragos insospechados, y uno de ellos fue el desconcierto de los lugares. Pero esto es un extremo, ya que se llegó a una situación históricamente inédita, e insólita: el mismo jueves aún se ignoraba la sede.

Por primera vez el anuncio periodístico del día debió decir “en sede a designar”. Y nunca se aclaró oficialmente que sería la de Los Camioneros de Luis Guillón.

Es que daba lo mismo. La inasistencia de público por protocolo admite que el dato pase a segundo plano. Mientras los protagonistas y autoridades sepan adonde ir, alcanza. Pero significa a la vez que no hay respeto para el resto, incluyendo a la prensa. Tampoco interesa demasiado la puesta en escena, porque de eso no depende nada -por ahora-.

Fue el viernes, casualmente, un día de batacazos: Abel “Pumita” Silva venció por puntos al campeón argentino mosca Junior Zárate (fuera de título) y Hernán “El Picante” Pérez hizo lo propio con Ramón “Monzón” Lovera, otro campeón argentino (supermediano), que marchaba invicto.

Los ganadores, tanto Silva como Pérez, venían de perder varios de sus combates finales. Silva los 6 últimos, dos de ellos contra el propio Zárate, uno en noviembre pasado. Pérez los últimos 2, uno de ellos ante Lovera.

Lo curioso es que el Picante se llevó el título FEDEBOL supermediano AMB que estaba vacante, y que además, de sus escasísimas 8 peleas de su carrera, 7 habían sido a 4 vueltas y 1 sola a 6. Disputó un título en esas condiciones, ¡y lo ganó! Fue a 9 rounds por una regla excepcional que tiene la AMB.

“Monzón” sólo mostró no estar a la altura de su apodo. A Dios gracias que el Gran Carlos en su tumba no lo haya visto. El correntino erraba los golpes sin que su rival los evite, como quien yerra un penal sin arquero. Imprecisiones puede haber, pero errarle al bulto es algo pocas veces visto.

En la velada del día siguiente (el sábado), por primera vez en nuestro país se disputó un título FEDEBOL (otro más), inéditamente a 8 asaltos. Fue porque se cayó la pelea de fondo que iban a disputar Franco Ocampo vs César Antín, a raíz del coronavirus detectado en este último en el pesaje. Por ende, la que iba a ser el semifondo a 6 vueltas pasó a ser la de fondo, y “heredó” como por arte de magia el título en disputa, aunque en peso superpluma en vez de welter. Y por eso fue programada a 8. Un doble desacierto.

En tal duelo, Ayrton “Pacman” Giménez, invicto en 8 peleas, de 21 años, venció por puntos a Matías “El Carnicero” Guenemil.

Todo bien en la pelea, salvo un detalle (otro más) vergonzoso, que se le escapó al supervisor Roberto Benítez. El ganador –y su esquina, Santiago Acosta- portaron una remera con la inscripción en su espalda que decía “Pata Medina 2021”, sindicalista ex titular de la UOCRA que posee prisión domiciliaria, acusado de asociación ilícita, lavado de dinero, extorsión y coacción agravada.

El artículo 35.02 de la FAB que habla de “La Publicidad”, dice: “SI EL SUPERVISOR O FISCAL DESIGNADO PARA CONTROLAR EL ESPECTACULO INTERPRETA QUE LA EXISTENCIA DE DETERMINADA PUBLICIDAD FUERA DISCRIMINATORIA, OFENSIVA O ATENTARA CONTRA LA MORAL Y BUENAS COSTUMBRES, PODRA DISPONER SU RETIRO DE INMEDIATO, PUDIENDO DE NO OBEDECERSE SU ORDEN PROHIBIR EL INICIO O CONTINUIDAD DEL EVENTO”.

¿Se necesitaba algo más en la publicidad, que la de un condenado por la Justicia para aplicar ese artículo del reglamento?

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