El célebre y reconocido escritor argentino Ernesto Sabato murió el 20 de abril de 2011, a menos de dos meses de cumplir 100 años.

El 30 de abril de 2011 fallecía a menos de dos meses de cumplir 100 años Ernesto Sabato, el escritor argentino que pretendía "soñar por la comunidad" y que con sus novelas "El túnel" y "Sobre héroes y tumbas" se consagró internacionalmente, pero que con su participación política durante y después de la dictadura militar dejó algunas dudas, como subrayan algunos críticos que ven en esta acción una posible causa de que su obra haya sido obliterada por la academia.

A diez años de su muerte, la suerte de la figura de Ernesto Sabato en la Argentina es incierta. Su obra, salvo raras excepciones, no se estudia en las universidades del país y sus libros no corren la misma suerte que la producción de Julio Cortázar o Jorge Luis Borges, a pesar de que fue una figura tan importante en el país como sus dos coetáneos. Paradójicamente, el escritor nacido en Rojas, el 24 de junio de 1911 y ganador en 1984 del Premio Miguel de Cervantes -el galardón más importante en lengua española- sí es estudiado en otras ciudades del mundo. En diálogo con Télam, cuatro escritores y estudiosos de su obra alumbran esta zona oscura del autor de las novelas "El túnel", "Sobre héroes y tumbas" y "Abaddón el exterminador".

La escritora e investigadora argentina María Rosa Lojo es una de las críticas que con más dedicación ha trabajado la obra de Sabato. La autora de "La princesa federal" y "La pasión de los nómades" explica que si bien "El túnel" (1948), su primera novela, tiene una excelente recepción de crítica, público y también traducciones, la gran repercusión nacional e internacional llega con "Sobre héroes y tumbas" (1961). Y sostiene que "aunque no es exactamente un autor del boom latinoamericano, se solapa en parte con este a partir de esta novela que se vuelve también representativa de lo latinoamericano fuera del país".

"Sabato tocó lo más radical y visceral de las pasiones humanas, logró una capacidad de identificación que perdura hasta hoy. Durante décadas fue un autor muy leído y personalmente consultado por las generaciones más jóvenes, que buscaban y esperaban respuestas existenciales en su literatura intensa y filosófica", analiza Lojo.

Por su parte, la profesora y doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires Elisa Calabrese, autora del libro "Sabato. Historia y apocalipsis" (Alción 2013) inscribe a "Sobre héroes y tumbas" como un fenómeno editorial: "desde su aparición, en 1961, generó (a la par de Cortázar) un nuevo 'lectorado' de jóvenes, ocasionó el ingreso de nuestro país en el boom y hasta produjo una invasión de Alejandras entre las nacidas en la década".

El poeta, sacerdote y ensayista Hugo Mujica, a quien Sabato define en su libro "Cuentos que me apasionaron" como "un gran poeta escritor", participó esta semana de un ciclo de encuentros que la Fundación Ernesto Sabato organizó como homenaje. Mujica asegura que "Sobre héroes y tumbas" fue en su adolescencia un cimbronazo "grandísimo" y que mirándola en perspectiva "es una "Bildungsroman", como llaman los alemanes a una novela de formación.

"Sabato era el que ayudaba el paso en ese libro de la adolescencia a la aceptación de la adultez (con lo que tiene de adulterar la verdad)", asegura el autor del poemario "Para albergar una ausencia", que justamente lleva prólogo de Sabato.

"Algo así había hecho Cortázar con 'Rayuela', pero de manera más intelectual", dice Mujica y agrega que los adolescentes siguen leyendo la novela porque "pasa de generación a generación, siendo un equivalente a Herman Hesse o en poesía a Alejandra Pizarnik o Arthur Rimbaud". Y define: "son libros que te ayudan a ese paso doloroso y de confusión y que termina en ese camino hacia la Patagonia en una madrugada con esperanza, quizás", dice el autor de "Barro desnudo" en alusión al final de "Sobre héroes y tumbas".

Por su parte, la escritora y crítica Elsa Drucaroff sostiene que Sabato es un escritor significativo para la literatura argentina, porque tiene un mundo narrativo poderoso que sigue teniendo vigencia, "pese a que ha habido intenciones de despreciarlo y minimizarlo por parte de cierta academia", advierte.

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"'El túnel' es una novela con presencia y 'Sobre héroes y tumbas' tiene elementos muy poderosos imaginativamente, con imágenes que han quedado en el imaginario de la ciudad de Buenos Aires y de ciertas lecturas de la historia de Argentina", asegura la coordinadora de uno de los tomos que forman parte de "Historia crítica de la literatura argentina".

Drucaroff indica que, sin embargo, Sabato tiene "el paradójico y curioso mérito artístico de haber sido el escritor que plasmó en palabras una estructura de sentimiento y una conceptualización enormemente reaccionaria y conservadora para la sociedad argentina, porque lo cristalizó -y eso es un mérito artístico- en el prólogo al 'Nunca más' que escribió como presidente de la Conadep".

La ensayista, que en 2002 publicó en el número 3 de la revista Tres Galgos el trabajo "Por algo fue" -un análisis del "prólogo" al Nunca Más- indica ahora que el documento escrito por Sabato "es un texto político y como tal terrible, porque lo que hace Sabato básicamente es dar vuelta la frase 'por algo será', que se había extendido durante la época de la dictadura, que tenía consenso mayoritario y era una forma de aprobar las desapariciones diciendo que las víctimas 'algo habrían hecho', significando que eran jóvenes idealistas".

Para Drucaroff "el trabajo del arte no es decir lo que está bien y lo que está mal, ni bajar línea política, sino de alguna manera plasmar los sentimientos casi inconscientes, los debates que van por debajo del río social".

"Ese prólogo es una "pieza políticamente execrable, porque mantiene intacta la presuposición de que hay víctimas en este mundo que se merecen que se les haga eso, y de esa forma justifica el terrorismo de Estado, pero como pieza literaria, Sabato puso en palabras la teoría de los dos demonios por primera vez, puso algo que estaba registrando socialmente, por eso tuvo tanto éxito entonces. Yo creo que se puede leer ese prólogo como una pieza clásica de la literatura política argentina, incluso para discutirlo y analizarlo", sostiene.

Lojo advierte que en la Argentina, hay algunos enfoques polémicos sobre un fondo predominante de aceptación y popularidad: "Sabato se valora en general, dentro del marco de los sesenta y el post-peronismo, la mirada sobre el interior, el planteo abarcador sobre la cuestión nacional y las dicotomías argentinas, a la vez que se destaca el valor estético, la potencia, la originalidad del 'Informe sobre Ciegos', tan celebrado por Abelardo Castillo y la generación de la revista 'El Escarabajo de Oro'".

Por su parte, Calabrese se pregunta: "¿Por qué el tabú sancionado sobre el nombre de Sabato en el campo intelectual argentino posterior a la última dictadura?" La fundadora y directora del Centro de Letras Hispanoamericanas busca la respuesta revisando la bibliografía concerniente al autor con posterioridad a la recuperación de la democracia en 1984 y encuentra poquísimos títulos dedicados a su obra firmados por escritores o críticos argentinos, aunque no ocurra lo mismo en el exterior. "El motivo más obvio y contundente fue el tan comentado almuerzo que el escritor compartió con otros de sus colegas –entre ellos Borges- al aceptar la invitación de Jorge Rafael Videla", señala Calabrese.

"¿Por qué no perdonar a Sabato lo que se le perdona a Borges? -plantea la investigadora-. Creo que esa imposibilidad de perdonarlo se da por la recuperación de su literatura por ciertos sectores de la izquierda: nadie esperaba de Borges una actitud políticamente comprometida, mientras que a Sabato, se le demandaba una postura progresista, fomentada por él mismo en sus constantes intervenciones públicas".

"Además contribuyó a este repudio la personalidad del escritor, siempre obsesionado con explicarse y justificar su obra", asegura Calabrese. Y amplía: "su figura pública asumió la insistente construcción de un intelectual comprometido, ajeno a la frivolidad, que piensa el oficio de escribir como una práctica emergente de lo íntimo de su subjetividad aunque siempre conectada de modo profundo, a veces oblicuo, con la realidad de la sociedad a la que pertenece".

En 2021, a diez años de su muerte, sin duda Sabato es considerado fuera de la Argentina como un clásico de la literatura en lengua castellana. En el país su figura y su obra aparecen y desaparecen de forma intermitente, aunque sin dudas dos de sus novelas "El túnel" y "Sobre héroes y tumbas" permanecerán dentro de la narrativa argentina como piezas valiosas de una época, incluso podrán -los años lo dirán- constituirse en clásicos.

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De científico a escritor

Pablo Morosi y Sandra Di Luca, autores del libro "Sabato, el escritor metafísico" que se publica en coincidencia con el décimo aniversario de su muerte, destacaron la vigencia de los motivos de "desilusión con la ciencia", en tiempos de desarrollos científicos conquistados en tiempo récord que quedan entrampadas en "conflictos de patentes".

"Sabato estudió física en un momento en que el positivismo era muy fuerte y tuvo la suerte, en una época donde Argentina tenía pocos científicos, de ser becado para ir a trabajar a la meca de la física (el Instituto Curie en París)", explicó a Télam la escritora, periodista, docente y documentalista Sandra Di Luca.

"Pero ahí es cuando empieza a vislumbrar que la ciencia puede volverse contra el hombre mismo, porque ahí estaban investigando la fisión del átomo de uranio que podía ser aplicado en las placas de rayos X que ayudan a salvar vidas, pero al mismo tiempo sirvió para desarrollar la bomba atómica", apuntó el también periodista y autor de "Favaloro, el gran operador" (Marea, 2020), Pablo Morosi.

Como parte de su "desilusión con la ciencia", el autor explicó que Sabato criticaba "las disputas de los laboratorios por las patentes" de desarrollos fundamentales para preservar la vida y la salud, "que es esto mismo que estamos viendo ahora con las vacunas" y, en ese sentido, "fue un visionario al advertir sobre estas cosas que ya pasaban" pero que se profundizarían con el correr de las décadas.

Di Luca recordó que "él también estaba en contra del desarrollo (ilimitado) de las ciudades porque decía que esa era una vida deshumanizada que iba a generar un montón de problemas", algo que también queda en evidencia al indagar sobre el surgimiento y expansión de la pandemia.

El libro que acaba de publicar Marea Editorial anticipa ya desde su título el hilo conductor del relato biográfico en clave periodística: la constante búsqueda de respuestas a las preguntas existenciales que lo atormentaron desde niño, y que lo llevó alternativamente a recorrer el camino de la ciencia, la militancia política, el ocultismo, la música, la pintura y la escritura.

"Todo arranca con ese origen tan confuso, sin precisión sobre la fecha de su nacimiento y recibiendo el nombre de otro niño fallecido, que era una costumbre de la época. Pero una cosa es que te pongan el hombre del hermano muerto y otra cosa es que no te digan bien cuándo naciste ni cómo murió", dijo Morosi.

Es que si bien Ernesto, que murió el 30 de abril de 2011, nunca pudo saber si su llegada al mundo se produjo el 23 o el 24 de junio de 1911 por mucho que les preguntó a sus padres y familiares, ni tampoco sobre la causa de la muerte del séptimo hijo de Juana y Francisco, el primer Ernesto Sabato, cuando tenía solo un año y cinco meses y su madre ya estaba embarazada del futuro doctor en física y célebre escritor.

"El hermano se le transformó en un fantasma y ese fue el origen de tribulaciones que lo ponen a él en un lugar de inconformismo constante, de ir eligiendo diferentes caminos que va dejando porque siempre hurgó en el terreno de lo no explicable", dijo Di Luca.

En ese derrotero es que inicialmente Sabato se vuelca por las ciencias duras, recibiéndose de doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas en la Universidad de La Plata y obteniendo en 1938 una beca como pasante en el actual Instituto Curie, oportunidad que le fue otorgada por el futuro Nobel de Medicina Bernardo Houssay en su rol de titular de una entidad científica.

"Pero la verdad científica solo sirve para las matemáticas o las ecuaciones y si uno piensa en su propia vida, ¿cuánto de lógica o racionalidad tuvieron sus decisiones? Tuvo una manera apasionada de vivir guiada por impulsos e intuiciones; y de eso está hecho el ser humano, que se sigue haciendo las mismas preguntas de diferente manera", agregó Morosi.

Pero la metamorfosis del científico al escritor no fue fácil.

"Le costó mucho ese salto que fue haciendo lentamente, porque tenía una vida resuelta en la ciencia pero fue la literatura la que le permitió expresar todas esas dudas y reflexiones comunes y totalmente actuales", apuntó Di Luca.

Para los autores, el éxito de la trilogía de novelas sabatianas -El Túnel (1948), Sobre Héroes y Tumbas (1961) y Abaddón y el Exterminador (1974)- radica en que "logró interpretar a la sociedad en la que vivía y a los porteños de una manera muy acabada".

Pero el escritor no se contentó con describir una época, sino que intervino activamente en la construcción de esa realidad también como productor y difusor de conocimiento, como periodista, como militante de izquierda, como polemista y denunciante de los crímenes de lesa humanidad al punto de convertirse en "parámetro moral".

"En el libro decimos que fue un 'testigo incómodo del siglo XX' porque le esquivó al binarismo argentino del River/Boca, antiperonismo/peronismo buscando su autenticidad a riesgo de equivocarse y reconocerlo, como hizo muchas veces, y parecer contradictorio por eso", dijo Morosi.

En ese sentido, el libro muestra que así como almorzó con Videla y antes "había aplaudido el golpe de 1955 como buena parte de la intelectualidad de la época", posteriormente "es el primero que denuncia las torturas" de la autodenominada Revolución Libertadora -"lo que le cuesta su puesto en el semanario El Mundo"-, fue uno de los fundadores la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, presidió la Conadep y rechazó visceralmente las leyes del perdón alfonsinistas.

"¿Cuál es el Sabato verdadero? A diferencia de la mayoría de los mortales, él vivió casi 100 años animado por una búsqueda de autenticidad pero también de un deseo de trascendencia, de que lo que hacía no dejara a nadie indiferente, pagando un precio por eso", dijo Di Luca.

Respecto a su participación en la elaboración del informe Nunca más que prologó en 1984, Morosi asegura que esta tarea "no lo absolvió" ante sus críticos, mientras que "para quienes ya lo admiraban, ese compromiso cívico fue determinante para ascenderlo a una plataforma de ejemplaridad".

Sobre el prólogo considerado por muchos una de las expresiones más cabales de la denominada "teoría de los demonios", Morosi recordó que inicialmente no hubo cuestionamientos en esos términos y que era una postura que Sabato tenía desde antes y mantuvo después.

"Él sostenía que todo terrorismo es repudiable, pero afirmaba que no se podía intentar frenar la violencia insurrecta con una violencia infinitamente superior y peor por parte de las fuerzas armadas", dijo Morosi.

El libro también se mete con el conflictivo vínculo que mantuvo con sus pares Jorge Luis Borges y Bioy Casares, pero también con el denominado "boom latinoamericano" y con las universidades excluían sistemáticamente sus textos.

La obra aborda la turbulenta relación con el amor de su vida, Matilde, la tirantez que adquirió por épocas la relación con su hijo Mario y el doloroso quiebre que significó en su vida la prematura muerte de su hijo Jorge en 1995.

"De todos los Sabatos, a mí me encanta el de la nigromancia, el que consulta a adivinos y curas sanadores, hace sesiones de espiritismo y termina diciendo que su propia creación artística surge de los sueños, porque es el que me genera más intriga", dijo Morosi.

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