Estos meses de pandemia producida por el Covid-19  y de estadios sumergidos en silencios estruendosos, quizás permiten mirar otros relieves de las grandes pasiones populares, que algunas vanguardias reaccionarias clasificaron con ligereza y superficialidad como el opio de los pueblos  

Durante muchísimos años distintos intelectuales que se veían y revelaban como la vanguardia ideológica de las sociedades interpretaron que el fenómeno del fútbol era el opio de los pueblos. Que distraía, que anestesiaba, que dormía, mientras que por afuera de esa atmósfera contaminada se desarrollaban las atrocidades del sistema capitalista.

Esa teoría de autor anónimo pero avalada por intelectuales de la izquierda clásica, nunca salió de circulación. La del fútbol como bandera del disciplinamiento y la resignación social.

Hace 22 años, más precisamente en la mañana del martes 27 de enero de 1998, en su casona de Santos Lugares, entrevistando para la revista El Gráfico a ese gran novelista y escritor argentino que el mundo conoció como Ernesto Sabato (autor de El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abbadón, el exterminador, por citar sus tres novelas emblemáticas), le sugerimos profundizar ese escenario.

La respuesta inmediata de Sabato fue demoledora: “No me haga reír. En primer lugar, no me hable de intelectuales, pero no por una carencia de inteligencia de mi parte. Lo intelectual provoca una deshumanización. Intelectual viene de intelecto. Y eso está acá, en la hipófisis cerebral. Sirve para demostrar teoremas, fabricar aviones, morteros… En fín, sirve para hacer cosas buenas y malas. Es el cientificismo, el teórico progreso que no es ningún progreso. Pero yo hago una pregunta: ¿quiénes salvan a los hombres? Las cosas más importantes, más humanas, son las que están debajo de la corteza cerebral, con el centro en el corazón. Y aunque se piense que es una víscera, por algo la gente muere de un ataque al corazón, porque es un receptáculo de toda la condición humana. Es el que sufre, el que tiembla, el que alienta…”

Le planteamos que quizás esa pretensión de intelectualizar el fútbol existe a partir de la incomprensión. Y le pusimos como ejemplo a Jorge Luis Borges, quien en varias oportunidades ironizó y dijo no entender como veintidós hombres corrían detrás de una pelota.

Sabato, fiel a su temperamento, arremetió con un tono despojado de ambigüedades: “Es un buen chiste. Que mala idea tienen de la condición humana que practica deporte. Pero está bien, los que no lo gozan se lo pierden. Era una broma la de Borges, pero él detestaba ciertas cosas… Era un hombre que un poco en broma y un poco en serio, comentaba que todo lo que decía y hacía lo sacaba de la Enciclopedia Británica. El no podía concebir que hubiera gente que jugara al fútbol. Y que veintidós personas corrieran detrás de una pelota con sesenta mil personas mirándolos. Pero de Borges hay que quedarse con su costado positivo”.

Las potentes consideraciones de Sabato vinculadas al deporte y en especial al fútbol (“¿A quién no le hubiera gustado hacer el gol que Maradona les hizo a los ingleses?”, dijo aquella mañana), reivindicaron una pertenencia a las grandes expresiones y pasiones populares. Por eso esta ausencia temporal del fútbol como efecto del coronavirus, es también la ausencia de una manifestación que interpela las memorias. El fútbol como una memoria muy activa que se va reconstruyendo todos los días.

En el marco de las memorias y quizás por las conexiones no declaradas pero si efectivas del pasado y el presente, Diego Maradona no es ídolo solo de aquellos que lo vieron jugar. Es ídolo de aquellos que lo imaginaron sin nunca verlo jugar. En esa magia naturalizada, el fútbol trasciende su propia dinámica. Y se arma y desarma en los sueños y pesadillas de cada uno de nosotros de manera artesanal e intransferible.

Decía Jorge Valdano con esa curiosidad existencial que siempre lo distinguió, que “el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes”. Y es probable que el campeón del mundo en México 86 haya encontrado una estupenda síntesis. Por supuesto que podemos vivir sin fútbol. Lo que no podemos es vivir sin una ideología que se encuadre desde los bordes más reaccionaros de la derecha hasta los pliegues más concentrados de la izquierda.

¿El fútbol tendrá una ideología? Es una pregunta que no tiene una respuesta lineal, aunque en principio todo hecho es político e ideológico. Lo que no admite dudas es que el fútbol siempre intenta ser manipulado por los espacios de poder, pero cuando es atrapado siempre se escapa. Y huye. En la huida tan celebrada está su belleza.

Contacto

Registro ISSN - Propiedad Intelectual: RL-2018-58849696 - Domicilio Legal: Intendente Beguiristain 146 - Sarandí (1872) - Buenos Aires - Argentina Teléfono/Fax: (+5411) 4204-3161/9513 - internet@dpopular.com.ar

Edición Nro. 15739

Dirección

Propietario: Man Press S.A. - Director: Francisco Nicolás Fascetto © 2017 Copyright Diario Popular - Todos los derechos reservados